A 26 años de aquel 30 de mayo
Aumento salarial de emergencia o huelga general
A 26 años del 30 de mayo
Ante el grave deterioro salarial causado por la política económica gubernamental, la principal central sindical del país llama a la huelga general en demanda de 50% de aumento salarial de emergencia.
El sindicalismo universitario y el SUTIN han decidido aceptar el llamado cetemista y han emplazado a huelga.
Así se llegó al 30 de mayo de 1983. Eran los inicios del gobierno del ahora autodeclarado senil, Miguel de la Madrid y se ponía en marcha la política que después se conocería como neoliberal. Atrás quedaban los arrebatos del presidente que primero llamó a administrar la riqueza y luego, jurando que puesto que ya nos habían saqueado, no nos volverían a saquear, había nacionalizado la banca.
No pasó mucho para ver que aquel cambio de gobierno había sido mucho más que un cambio de personas. Pronto, con los pactos económicos, el cierre, venta y regalo de paraestatales, la reprivatización de la banca, el inicio de reformas estructurales (no se llamaban así todavía) se vio que había un nuevo grupo en el poder y que éste se proponía un profundo cambio para dar por terminados aspectos esenciales de la política hasta entonces oficial.
Para muchos, se trataba de un cambio de personas en el gobierno y no fue sino hasta tiempo después que se vio el brusco giro en la política dominante.
Entre los cambios, se desmanteló el sector social de la economía, que tanto había costado y tantas expectativas había generado, para dar paso a una política basada en el predominio exclusivo del mercado.
En lo social, se abandonaron las prácticas de un estado benefactor con lo que se dio paso a un acelerado deterioro de la seguridad social, la salud, la educación, la construcción de vivienda popular.
En lo político, el sindicalismo charro, otrora pilar del régimen, pasó a un plano secundario y perdió su capacidad de gestoría. A esto respondía fundamentalmente la nueva actitud cetemista de combatividad que reclamaba salarios de emergencia un día, para retractarse al día siguiente esperando recuperar los favores del gobierno. No pasaría mucho tiempo para que fuera claro el cambio. De vocero del gobierno y “destapador” del candidato oficial a la presidencia de la república que fue el Secretario General de la CTM durante décadas, pasó en poco tiempo a ser llamado “viejo chocho” y a perder cualquier peso real en la definición de la vida política del país.
En este contexto, el 30 de mayo de 1983 iniciaron las llamadas huelgas de junio. En el caso del SUTIN, además, había que tomar en cuenta la situación internacional de la industria nuclear y la división interna.
Desde los años de la Tendencia Democrática habían aflorado las diferencias en el joven sindicato nuclear. Para el grupo con el control de la mayoría del sindicato, había que tejer alianzas con los “nacionalistas” de dentro y fuera del gobierno. Esta confianza fue uno de los elementos que llevaron a la derrota de la TD.
En lo organizativo, después de la forzada salida del SUTERM, se impulsó por este grupo el contacto e ingreso al Congreso del Trabajo y en lo interno, se produjo un proceso de burocratización, con medidas de estricto control y el deterioro de la vida democrática. Se llegó a plantear como medida para “mejorar” la asistencia a asambleas, sancionar con la pérdida de derechos sindicales por una semana, a la primera falta a una asamblea y sanciones mayores en caso de reincidencia. Se empezó a pasar por encima de las decisiones mayoritarias y a tener acuerdos ocultos con las empresas, incluso en aspectos fundamentales como las revisiones contractuales.
Por otro lado, principalmente en la sección Centro Nuclear, se puso el énfasis en la construcción de una fuerza propia, independiente del gobierno, ligada a las organizaciones en lucha del movimiento democrático y revolucionario y basada en la más estricta práctica de la democracia sindical o, como algunos señalaban, de la democracia proletaria.
Estas dos visiones fueron creciendo en diferencias y en prácticas distintas. El Comité Ejecutivo Nacional impulsó la unidad con sindicatos de direcciones afines, como el STUNAM, el FAT y el sindicato de Trailmobile, con las que crearon el Pacto de Unidad y Solidaridad Sindical y la Sección Centro Nuclear impulsó, con sindicatos de obreros industriales, el SITUAM el SUTCIESAS, la Coordinadora Sindical Nacional.
En lo nuclear, el CEN propuso la creación de centros como el de ingeniería de reactores y otros, lo que implicaba disminuir las funciones al Centro Nuclear, mientras que la oposición pretendía fortalecer a este centro de trabajo. Para el CEN fue una victoria lo logrado en la larga lucha contra la ley nuclear, mientras el Centro Nuclear, sin dejar de reconocer los logros, consideraba un golpe la división del INEN en ININ, Uramex y CNSNS.
Fueron muchas otras las diferencias que se dieron en el ya entonces SUTIN, mismas que salieron a flote el 30 de mayo de 1983.
Por ello, no fue casualidad, que ante una huelga sin la suficiente preparación, con la previsible traición de los charros, con una industria nuclear con problemas, con una creciente desconfianza al CEN por su práctica cotidiana y, ya en la asamblea del 30 de mayo, ante la prepotencia e imposición del CEN, que insistía en la huelga a como diera lugar, la base rebelde del Centro Nuclear, propuso la prórroga del movimiento y, ante la pretendida imposición del mismo, decidió permanecer en las instalaciones hasta después de medianoche a fin de imponer el respeto a la voluntad mayoritaria. Esta decisión de la Asamblea General de la Sección Centro Nuclear, así como de la mayoría de los trabajadores del ININ, de recuperar su poder de decisión y su organización, pasando por encima de la dirección nacional del sindicato, logró que, a pesar de haber perdido más de la mitad de su membresía, se lograra evitar la derrota total y mantener el funcionamiento –y aun mejoría, en momentos—del ININ.
Lo que siguió fue el levantamiento de las huelgas sin lograr sus objetivos, la profundización de la debacle de los charros y, para el sindicalismo universitario y nuclear, una derrota de grandes proporciones.
Para el SUTIN, no sólo fue la pérdida de afiliados y contratos. Se perdió una parte considerable de experiencia sindical y política. Se perdió la unidad de la organización.
Pasó mucho tiempo para que el sindicato –disminuido—se recuperara de aquel golpe. Ya no había que pelear, es cierto, con posiciones políticas distintas y proclives al charrismo, pero se perdió en la riqueza del debate, en la experiencia.
El momento actual, en que vuelven a saquear el país, impone un serio análisis acerca del quehacer sindical. La reflexión sobre lo ocurrido el 30 de mayo de 1983, puede ser de gran utilidad.
A 26 años del 30 de mayo
Ante el grave deterioro salarial causado por la política económica gubernamental, la principal central sindical del país llama a la huelga general en demanda de 50% de aumento salarial de emergencia.
El sindicalismo universitario y el SUTIN han decidido aceptar el llamado cetemista y han emplazado a huelga.
Así se llegó al 30 de mayo de 1983. Eran los inicios del gobierno del ahora autodeclarado senil, Miguel de la Madrid y se ponía en marcha la política que después se conocería como neoliberal. Atrás quedaban los arrebatos del presidente que primero llamó a administrar la riqueza y luego, jurando que puesto que ya nos habían saqueado, no nos volverían a saquear, había nacionalizado la banca.
No pasó mucho para ver que aquel cambio de gobierno había sido mucho más que un cambio de personas. Pronto, con los pactos económicos, el cierre, venta y regalo de paraestatales, la reprivatización de la banca, el inicio de reformas estructurales (no se llamaban así todavía) se vio que había un nuevo grupo en el poder y que éste se proponía un profundo cambio para dar por terminados aspectos esenciales de la política hasta entonces oficial.
Para muchos, se trataba de un cambio de personas en el gobierno y no fue sino hasta tiempo después que se vio el brusco giro en la política dominante.
Entre los cambios, se desmanteló el sector social de la economía, que tanto había costado y tantas expectativas había generado, para dar paso a una política basada en el predominio exclusivo del mercado.
En lo social, se abandonaron las prácticas de un estado benefactor con lo que se dio paso a un acelerado deterioro de la seguridad social, la salud, la educación, la construcción de vivienda popular.
En lo político, el sindicalismo charro, otrora pilar del régimen, pasó a un plano secundario y perdió su capacidad de gestoría. A esto respondía fundamentalmente la nueva actitud cetemista de combatividad que reclamaba salarios de emergencia un día, para retractarse al día siguiente esperando recuperar los favores del gobierno. No pasaría mucho tiempo para que fuera claro el cambio. De vocero del gobierno y “destapador” del candidato oficial a la presidencia de la república que fue el Secretario General de la CTM durante décadas, pasó en poco tiempo a ser llamado “viejo chocho” y a perder cualquier peso real en la definición de la vida política del país.
En este contexto, el 30 de mayo de 1983 iniciaron las llamadas huelgas de junio. En el caso del SUTIN, además, había que tomar en cuenta la situación internacional de la industria nuclear y la división interna.
Desde los años de la Tendencia Democrática habían aflorado las diferencias en el joven sindicato nuclear. Para el grupo con el control de la mayoría del sindicato, había que tejer alianzas con los “nacionalistas” de dentro y fuera del gobierno. Esta confianza fue uno de los elementos que llevaron a la derrota de la TD.
En lo organizativo, después de la forzada salida del SUTERM, se impulsó por este grupo el contacto e ingreso al Congreso del Trabajo y en lo interno, se produjo un proceso de burocratización, con medidas de estricto control y el deterioro de la vida democrática. Se llegó a plantear como medida para “mejorar” la asistencia a asambleas, sancionar con la pérdida de derechos sindicales por una semana, a la primera falta a una asamblea y sanciones mayores en caso de reincidencia. Se empezó a pasar por encima de las decisiones mayoritarias y a tener acuerdos ocultos con las empresas, incluso en aspectos fundamentales como las revisiones contractuales.
Por otro lado, principalmente en la sección Centro Nuclear, se puso el énfasis en la construcción de una fuerza propia, independiente del gobierno, ligada a las organizaciones en lucha del movimiento democrático y revolucionario y basada en la más estricta práctica de la democracia sindical o, como algunos señalaban, de la democracia proletaria.
Estas dos visiones fueron creciendo en diferencias y en prácticas distintas. El Comité Ejecutivo Nacional impulsó la unidad con sindicatos de direcciones afines, como el STUNAM, el FAT y el sindicato de Trailmobile, con las que crearon el Pacto de Unidad y Solidaridad Sindical y la Sección Centro Nuclear impulsó, con sindicatos de obreros industriales, el SITUAM el SUTCIESAS, la Coordinadora Sindical Nacional.
En lo nuclear, el CEN propuso la creación de centros como el de ingeniería de reactores y otros, lo que implicaba disminuir las funciones al Centro Nuclear, mientras que la oposición pretendía fortalecer a este centro de trabajo. Para el CEN fue una victoria lo logrado en la larga lucha contra la ley nuclear, mientras el Centro Nuclear, sin dejar de reconocer los logros, consideraba un golpe la división del INEN en ININ, Uramex y CNSNS.
Fueron muchas otras las diferencias que se dieron en el ya entonces SUTIN, mismas que salieron a flote el 30 de mayo de 1983.
Por ello, no fue casualidad, que ante una huelga sin la suficiente preparación, con la previsible traición de los charros, con una industria nuclear con problemas, con una creciente desconfianza al CEN por su práctica cotidiana y, ya en la asamblea del 30 de mayo, ante la prepotencia e imposición del CEN, que insistía en la huelga a como diera lugar, la base rebelde del Centro Nuclear, propuso la prórroga del movimiento y, ante la pretendida imposición del mismo, decidió permanecer en las instalaciones hasta después de medianoche a fin de imponer el respeto a la voluntad mayoritaria. Esta decisión de la Asamblea General de la Sección Centro Nuclear, así como de la mayoría de los trabajadores del ININ, de recuperar su poder de decisión y su organización, pasando por encima de la dirección nacional del sindicato, logró que, a pesar de haber perdido más de la mitad de su membresía, se lograra evitar la derrota total y mantener el funcionamiento –y aun mejoría, en momentos—del ININ.
Lo que siguió fue el levantamiento de las huelgas sin lograr sus objetivos, la profundización de la debacle de los charros y, para el sindicalismo universitario y nuclear, una derrota de grandes proporciones.
Para el SUTIN, no sólo fue la pérdida de afiliados y contratos. Se perdió una parte considerable de experiencia sindical y política. Se perdió la unidad de la organización.
Pasó mucho tiempo para que el sindicato –disminuido—se recuperara de aquel golpe. Ya no había que pelear, es cierto, con posiciones políticas distintas y proclives al charrismo, pero se perdió en la riqueza del debate, en la experiencia.
El momento actual, en que vuelven a saquear el país, impone un serio análisis acerca del quehacer sindical. La reflexión sobre lo ocurrido el 30 de mayo de 1983, puede ser de gran utilidad.

