miércoles, 8 de septiembre de 2010

A mediados de una intensa década

Carlos Guillén S.

El rasgo definitorio de la década de los sesentas del siglo XX fue el cambio. Después de la transformación geopolítica dejada por la Segunda Guerra Mundial, ninguna década trajo consigo tantas transformaciones como la de los sesentas.

La carrera espacial y la llegada del hombre a la luna, la guerra de los seis días, los Beatles, la guerra de Vietnam y la Revolución Cultural China ocurrieron en esos años. Proliferaron los movimientos de liberación nacional en el llamado tercer mundo, crecieron las melenas, se acortaron las faldas y se consolidó la Revolución Cubana. Kubrick, los Tupamaros, los Rolling Stones, el LSD y el black power, fueron distintivos de la época. El Muro de Berlín, Twiggy, la sicodelia, el feminismo, Pasolini, Raquel Welch y Jane Fonda, son sólo algunos de los hechos y personajes que transformaron al mundo en esa década.

La rebeldía juvenil, el surgimiento de corrientes internacionales de izquierda que rompieron el monopolio que sobre ésta, tenía el Partido Comunista de la Unión Soviética, los sacerdotes de izquierda y guerrilleros y la proletarización de sectores de la pequeña burguesía, como los médicos y los maestros que adoptaron formas de lucha obreras, fueron expresiones de ese cambio.

En México, Javier Solís, la Sonora Santanera y los Rebeldes del Rock se escuchaban en la radio y Luis Alcoriza realizaba importantes filmes, mientras Cuevas realizaba sus murales efímeros y bautizaba la zona rosa. Meche Carreño causaba sensación y escandalizaba a los moralistas con su monokini, al tiempo que Monsivais publicaba su antología La poesía mexicana del siglo XX y Siqueiros, saliendo de la cárcel creó el Poliforum que lleva su nombre. Fue creado el Movimiento de Liberación Nacional con un Lázaro Cárdenas dispuesto a la defensa de la revolución cubana, Heberto Castillo, Natalio Vázquez Pallares y muchos otros nacionalistas. José Revueltas nos hablaba del proletariado sin cabeza, Víctor Rico Galán se disponía a cambiar la pluma por el fusil y Campa, Vallejo, Nieto Castillo y muchos otros presos políticos permanecían en la cárcel. Judith Reyes cambió la canción ranchera por los corridos de denuncia política y Ramón Danzós fundó la Central Campesina Independiente (hoy CIOAC) y fue candidato a la Presidencia de la República por el Frente Electoral del Pueblo, integrado por el semiclandestino Partido Comunista Mexicano y otras organizaciones. Fue nacionalizada la industria eléctrica y la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria y Comunicación Eléctricas se transformó en el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana. Fue creada la Central Nacional de Estudiantes Democráticos y proliferaron los grupúsculos trotskistas, maoístas, espartaquistas. Rius y sus Supermachos, iniciaron un periodo de formación política de izquierda a través de historietas. Se terminó de construir la Unidad Profesional Zacatenco del IPN y se consiguieron para México las sedes de los Juegos Olímpicos de 1968 y campeonato mundial de futbol.

En este contexto, de intensa actividad cultural, social y política en México y el mundo, de cambios que llegaban para revolucionar la realidad, de crítica a lo caduco y surgimiento de nuevos paradigmas, el 8 de septiembre de 1964, un grupo de jóvenes trabajadores administrativos, técnicos y profesionales, decidieron constituir, al margen de los organismos oficiales de control, el Sindicato Único de Trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Nuclear. Con esto, se iniciaba una larga trayectoria que transitaría por todo tipo de caminos, por veredas y aun por desviaciones. El sindicato de los nucleares mexicanos daba sus primeros pasos. El mismo año que los Beatles cantaron La noche de un día difícil, nació Mafalda, Sartre y Luther King recibieron sendos premios nobel y los Rolling Stones grabaron su primer disco, a mediados de una intensa década.

En esas condiciones, con ese ambiente en el mundo y en México, con su composición de trabajadores administrativos, manuales y profesionales de la ciencia en su seno, era casi obligado que el joven sindicato nuclear naciera lleno de inquietudes, impregnado de rebeldía y cargado de futuro. Esas marcas de nacimiento han estado presentes a lo largo de sus ya 46 años de existencia, forjando toda una vida de lucha.