Un día más, otro año, la misma vida
Carlos Guillén S.
De tanto repetir las cosas, día tras día,
semana tras semana, mes tras mes, todos los años, Rosa María ya hacía las cosas
de manera rutinaria. Siempre lo mismo, siempre preocupándose por los demás,
siempre cumpliendo obligaciones, siempre dejando para mejor momento, las cosas
que realmente le gustaría hacer.
De vez en cuando, un brillito de esperanza.
Alguna vez vio en la televisión que las madres solteras recibirían apoyo
económico. Después de algunas vueltas logró tal apoyo. Fue una ayuda, pero los
problemas eran mayores.
Alguna conocida suya, después de mucho pensarlo,
había decidido interrumpir su embarazo y lo que interrumpió fue su vida. De
manera que cuando Rosa María supo que sería posible que una mujer decidiera sobre
la maternidad, le dio gusto. Ya no se correrían riesgos. Pensó que si las
condiciones y las personas son similares, las razones y las leyes también lo
serían. Por ello, lloró cuando se enteró que allá en su pueblo, una prima
lejana murió y otra terminó en la cárcel, porque pensaron que podían decidir
sobre su cuerpo y su vida y allá las leyes son diferentes.
Aunque no le interesa mucho la política, Rosa María
vio otro brillito de esperanza y se decidió a votar cuando escuchó que las
mujeres serían beneficiadas. Meses después, siguió esperando que las cosas
cambiaran. . . hasta que se cansó de esperar. Se dijo que no volvería a votar.
En el trabajo y en la escuela, el esfuerzo era
constante, nunca dejó una pieza sin terminar, un oficio sin enviar, una mesa
sin atender, una tarea sin entregar o un experimento a medias. Ni siquiera
esperaba las instrucciones pues siempre hacía su trabajo mejor que los demás. A
pesar de ello, a la hora de cobrar, más de una vez vio que otros, que hacían
menos, ganaban mejor que ella. También se enteró que había quienes ofrecían
mejores calificaciones en condiciones indignas. Más de una vez debió soportar
comentarios de que la actividad que le gustaba y para la que se había
preparado, era para hombres y que mejor se dedicara a cuidar a sus hijos. Desde
niña, le dijeron muchas veces que había determinadas actividades que podían
hacer las mujeres y que las demás eran solo para hombres. Nunca entendió por
qué de ello.
Y así, día tras día. Por eso resultaba a veces
fastidioso que un día del año (o dos, si las circunstancias biológicas así lo
determinaban) recibiera tarjetas, mensajes, chocolates o una rosa, y que algunos
de los que la felicitaban, en persona o por la televisión, en el trabajo o en
la escuela, eran los mismos que los demás días no valoraban sus cualidades y su
valor real.
Y así mes tras mes. Y esa eterna repetición un
día la cansó y decidió que las cosas debían cambiar. Encontró amigas y
compañeras que pensaban como ella: Clara, Dolores, Benita, Elena, Gladys, Valentina,
Tania, Nadia, Tamara. Y luego fueron más: Gabriela, Yolanda, Patricia, Verónica,
Amalia, Ana . . . y muchas más. Aun así, eran pocas para el cambio necesario, sobre todo porque algunas veces, no faltaba alguna mujer que actuaba peor que los demás contra ellas.
Llegará irremediablemente el día en que Rosa María
tenga una vida diferente, la que ella decida. Seguramente su compañero estará a
su lado.
Por lo pronto, por su resistencia, por su
valentía, por su sencillez, por su coraje, por su amor, por su creatividad, por
su pasión, por todas sus cualidades y sus defectos:
FELICIDADES A TODAS LAS ROSA MARIAS Y A TODAS
LAS MUJERES, COMPAÑERAS, TRABAJADORAS.
Un antecedente
de la vida de Rosa María en: http://trabajadoresnucleares.blogspot.mx/2010/03/un-dia-mas-en-la-vida-de-rosa-maria.html
Nota: Rosa Luxemburgo y María Curie prestaron
amablemente sus nombres para representar a las mujeres trabajadoras en su día.
