Un 20 de noviembre diferente
Carlos Guillén S.
La mayoría crecimos con la idea de que la patria se manifestaba en especial en algunas fechas. Una de ellas era el 20 de noviembre. Con semanas se preparaban todo tipo de actividades en las escuelas para conmemorar tan patriótica fecha. Era ocasión para presentar bailables norteños o de alguna otra región del país, y había que preparar rebozos y rifles de madera, simular cananas y hacer trenzas.
La Revolución Mexicana se festejaba ese día y como se metía en el mismo empaque a todos los personajes de la época, pocos se ponían a pensar si eran lo mismo Madero y Zapata o Carranza y Villa.
Ya en décadas recientes, empezaron a cambiar las visiones. Nos dijeron que había llegado el fin de la historia y de las ideologías. A los patrones se les empezó a llamar empleadores, la situación jurídica del campo cambió y finalmente, en aras del comercio disfrazado de convivencia familiar, el 20 de noviembre dejó de ser feriado.
Sin embargo, Zapata y Villa, a quienes algunos les veíamos condiciones de revolucionarios que no eran muy visibles en Madero y Carranza, no cambiaron. Siguieron con el mismo contenido de rebeldía y lucha que alguna vez nos mencionaron en la primaria y en la secundaria, pese a que las visiones oficiales recientes, han tratado de enviarlos al olvido, o por lo menos decolorarlos. Y conforme el tiempo avanzó, más presentes se hicieron estos revolucionarios.
Este año, que de plano se canceló el desfile deportivo que era casi lo único que quedaba de la antes interrumpida y ahora olvidada revolución mexicana, Zapata y Villa volvieron. Lo hicieron en decenas de miles de jóvenes (también adultos, pero sobre todo jóvenes) que ese día se pronunciaron por el regreso con vida de las 43 ausencias que laceran el alma de los mexicanos. Estuvieron presentes en las consignas contra el mal gobierno, en la exigencia de castigo a los culpables de las desapariciones, que también son culpables del deterioro de vida de los mexicanos, estuvieron en las condenas a quienes han hipotecado el futuro de los mexicanos, precarizado el empleo y abatido el salario.
A unos días del centenario de la entrada de los ejércitos campesinos de Villa y Zapata a la Ciudad de México, en más de cien ciudades de México y del mundo, miles y miles hicieron clamor la consigna ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Horas de marchas con torrentes de jóvenes y muchos adultos, cansados del miedo, de la desesperanza, del engaño, dijeron al mundo que ya no quieren vivir en la situación actual, que es urgente un cambio de fondo. La solidaridad con los padres de nuestros 43 estudiantes desaparecidos, cada vez se mezcla más con las viejas y nuevas demandas del movimiento social. Queda claro que los que secuestraron a los jóvenes normalistas y los que entregan el petróleo, los que se oponen al derecho a la organización sindical y los que quieren entregar la salud de los mexicanos a las aseguradoras privadas y sus hospitales asociados, responden a los mismos intereses. No hay gran diferencia entre quienes quieren erradicar el sistema de educación normal rural y aquellos que ponen el aparato del estado al servicio de las grandes empresas transnacionales.
Por eso este 20 de noviembre fue diferente. Porque hoy, aunque quisieran desaparecer a Villa y Zapata, están más presentes que nunca en la lucha estudiantil por educación de calidad, en la lucha obrera por salario y empleo, en la lucha ciudadana por salud. Pero así como fue necesario llegar a una convención que unificara a los revolucionarios de hace cien años, así hoy es necesaria la unidad del movimiento social. Esta ya se perfila en acciones como la jornada global por Ayotzinapa, pero aún es insuficiente. Este 20 de noviembre los telefonistas hicieron un paro de todo el día que pretendió ser ignorado por los medios informativos, múltiples manifestaciones inundaron las calles de la ciudad de México y muchas más, más de ochenta escuelas de todo nivel y tipo pararon. Este 21 de noviembre se librará una batalla contra el sindicalismo de protección en Atento, donde más de seis mil trabajadores defienden su derecho a decidir en qué sindicato quieren militar. Todo eso anuncia un despertar.
