Unidad con Ayotzinapa y por el futuro
Carlos Guillén S.
A cuatro meses de la desaparición de los 43 normalistas, la 8a Acción Global por Ayotzinapa, unió voluntades.
Como cada mes desde octubre, los padres de los jóvenes secuestrados por la policía de Iguala y cuyo paradero se desconoce hasta la fecha, convocaron a una jornada de lucha en demanda de la aparición con vida de sus hijos.
A su vez, conforme lo ha hecho durante casi una década, la Unión Nacional de Trabajadores, con el Frente Amplio Social y Unitario, convocaron a una movilización desde diciembre pasado, en demanda del cambio de rumbo de la economía, por la soberanía alimentaria y energética, por la recuperación del salario. Esta marcha convocada en su origen por el movimiento campesino para exigir atención al devastado campo mexicano, desde sus inicios fue apoyada por el sindicalismo democrático y ha sido no solo factor de coincidencia en la movilización, sino en la construcción de la unidad del movimiento sindical, campesino y social, hoy expresado en el FASU.
En los recientes congreso y asamblea nacional de UNT y FASU, se acordó luchar de manera prioritaria por la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa. En tales condiciones, no solo había cercanía en las fechas de convocatoria, sino en la demanda central. Así entonces, la presencia de los padres de los normalistas en la reunión conjunta de UNT y FASU y los plenos de ambas organizaciones tenían como resultado natural, llamar a una sola movilización de carácter nacional, que sumó las fuerzas y actividades que desde octubre se han realizado en el marco de los acontecimientos de Iguala y las que hace casi una década realiza la UNT y otras fuerzas, particularmente del movimiento campesino.
Aunque algunas organizaciones campesinas decidieron mantener la fecha del 30, anunciaron que se sumarían también a la convocatoria del 26 de enero.
La 8a Acción Global por Ayotzinapa contó entonces, con actividades durante todo el día en la ciudad de México, las principales ciudades del país y en muchas ciudades del mundo.
A las cuatro columnas que desde temprano marcharon por Insugentes, Tlalpan, Zaragoza se sumó el contingente sindical y popular que desde la Columna de la Independencia y otros puntos, partió hacia el Zócalo.
Telefonistas, universitarios de múltiples casas de estudios, nucleares, electricistas, trabajadores de la cultura, de la aviación y la banca, trabajadores agrícolas, tranviarios, maestros, de la educación media superior, unidos en reclamo de la aparición con vida de los normalistas y por un cambio de rumbo a la nación; contra la impunidad y por el salario, por la justicia y la soberanía alimentaria y energética.
Como cada mes desde octubre, los padres de los jóvenes secuestrados por la policía de Iguala y cuyo paradero se desconoce hasta la fecha, convocaron a una jornada de lucha en demanda de la aparición con vida de sus hijos.
A su vez, conforme lo ha hecho durante casi una década, la Unión Nacional de Trabajadores, con el Frente Amplio Social y Unitario, convocaron a una movilización desde diciembre pasado, en demanda del cambio de rumbo de la economía, por la soberanía alimentaria y energética, por la recuperación del salario. Esta marcha convocada en su origen por el movimiento campesino para exigir atención al devastado campo mexicano, desde sus inicios fue apoyada por el sindicalismo democrático y ha sido no solo factor de coincidencia en la movilización, sino en la construcción de la unidad del movimiento sindical, campesino y social, hoy expresado en el FASU.
En los recientes congreso y asamblea nacional de UNT y FASU, se acordó luchar de manera prioritaria por la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa. En tales condiciones, no solo había cercanía en las fechas de convocatoria, sino en la demanda central. Así entonces, la presencia de los padres de los normalistas en la reunión conjunta de UNT y FASU y los plenos de ambas organizaciones tenían como resultado natural, llamar a una sola movilización de carácter nacional, que sumó las fuerzas y actividades que desde octubre se han realizado en el marco de los acontecimientos de Iguala y las que hace casi una década realiza la UNT y otras fuerzas, particularmente del movimiento campesino.
Aunque algunas organizaciones campesinas decidieron mantener la fecha del 30, anunciaron que se sumarían también a la convocatoria del 26 de enero.
La 8a Acción Global por Ayotzinapa contó entonces, con actividades durante todo el día en la ciudad de México, las principales ciudades del país y en muchas ciudades del mundo.
A las cuatro columnas que desde temprano marcharon por Insugentes, Tlalpan, Zaragoza se sumó el contingente sindical y popular que desde la Columna de la Independencia y otros puntos, partió hacia el Zócalo.
Telefonistas, universitarios de múltiples casas de estudios, nucleares, electricistas, trabajadores de la cultura, de la aviación y la banca, trabajadores agrícolas, tranviarios, maestros, de la educación media superior, unidos en reclamo de la aparición con vida de los normalistas y por un cambio de rumbo a la nación; contra la impunidad y por el salario, por la justicia y la soberanía alimentaria y energética.
La unidad alcanzada este 26 de enero reviste gran importancia en la lucha por los 43. Pero también es una muestra de la urgencia de unir el descontento por la represión y la demanda de aparición de los normalistas de Ayotzinapa, con las viejas demandas del movimiento social: recuperación salarial, derecho a la organización sindical y a la contratación colectiva, por la soberanía alimentaria y energética, por una política de estado en educación, ciencia y tecnología y cultura, por el cambio de rumbo de la Nación.
Nuestro sindicato, con contingentes aún reducidos marchó sin embargo, en dos de las movilizaciones, en la columna sindical en la Ciudad de México y en la capital mexiquense. Tomamos así, nuestro puesto de lucha en la construcción de un país con justicia, democracia y desarrollo.
Veamos si la unidad se puede fortalecer por la transformación del país o se queda en acciones de coyuntura. Todos deberíamos apostar -y trabajar- por la más amplia, profunda y duradera unidad.
