Nada que festejar, mucho por hacer
Carlos Guillén S.
A más de un siglo de que Clara Zetkin propuso la creación del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la situación que viven las mujeres en países de Africa y del Medio Oriente, parecería mostrar que no hay motivo de festejo.
En realidad, no hay que ir a ver tan lejos. En pleno siglo XXI, los feminicidios de Ciudad Juárez y del Estado de México, la desigualdad laboral entre hombres y mujeres y el hecho de que se sigan requiriendo espacios especiales en transportes públicos para la mujer y sea necesario crear leyes para erradicar la violencia hacia las mujeres, son claros ejemplos de que la equidad y el respeto son tareas pendientes aún.
¿No hay avances entonces?
En realidad, si hay importantes avances, pero no son únicamente los que se han traducido en leyes y normas. Más aun, los avances en la legislación son un tímido reflejo de la creciente importancia de la mujer en la sociedad y de los espacios que han conquistado, a pesar y aun en contra de la legislación, los partidos y los gobiernos.
Las leyes y normas creadas no han sido concesiones de quienes dirigen la sociedad, sino expresiones de una realidad que cambia. No ha mejorado la situación de las mujeres por los cambios legislativos, sino que estos se deben al creciente papel femenino en la sociedad.
En realidad falta mucho por cambiar y hay enormes deudas no solo con la mujer, sino con muchos sectores oprimidos y explotados. En un terreno fundamental, acaso el principal, que es el mundo del trabajo, se presentan los extremos. En industrias de todo tipo, como la del vestido, las manufacturas electrónicas y la alimentaria, en el comercio y en las maquiladoras, la desigualdad y la falta de derechos son comunes. La regla que reza que a trabajo igual, corresponde salario igual, es letra muerta, la estabilidad en el empleo no existe, y los derechos a la sindicalización y a la contratación colectiva, son burlados, aunque en lo último, tanto mujeres como hombres, sufren del sindicalismo de protección por igual.
En terrenos como la transmisión, difusión y generación del conocimiento, sin embargo, la propia naturaleza del trabajo ha permitido condiciones más favorables y equitativas a trabajadores y trabajadores del conocimiento. En universidades, centros de investigación e instituciones de cultura, sin que dejen de existir desigualdades e injusticia, la mujer trabajadora ha conquistado espacios importantes en el trabajo diario.
No es raro ver a mujeres en puestos de dirección media y alta en este tipo de instituciones, ni es una novedad verlas como dirigentes sindicales. Desconozco si hay estadísticas al respecto, pero he conocido compañeras secretarias generales en la Sección 9 del SNTE, en el SITUAM, STAUACh, SUTUACM, SUTIEMS, STINCA, SITIEMS, STUACh, en Bellas Artes, en el INAH, en el Cenart, en el SUTINAOE, SUTAUTN, SINTCB, ASPASUTN, en la UPN, en UPIICSA, en el SUTCIEA.
Como decíamos líneas arriba, la naturaleza del trabajo ha favorecido esta presencia sindical y política. En el caso del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares, aproximadamente el 40% del personal es femenino. Las compañeras están en todas las actividades del instituto, lo mismo en las de carácter administrativo y de apoyo, que en las sustantivas, dirigiendo proyectos y actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico; encabezando grupos altamente especializados y formando recursos humanos de alto nivel. De los premios estatales, nacionales o internacionales que ha recibido personal del ININ, muchos han recaído en investigadoras y becarias.
En el aspecto sindical, para el sindicato de los trabajadores nucleares mexicanos, la presencia femenina ha sido determinante. Las primeras luchas, por el transporte y el comedor, tuvieron importante componente femenina, la lucha por la guardería y la primaria, fueron encabezadas por compañeras. Desde la Comisión de Vigilancia de la Sección Centro Nuclear, compañeras vocales o presidentas, se ganaron el respeto de direcciones nacionales en proceso de burocratización. Más recientemente, compañeras integrantes del Consejo Nacional han sido factores importantes en la posición crítica de este órgano sindical. La prensa nuclear ha sido alimentada también por compañeras. Hace años, las comisiones revisoras de contrato han sido integradas con una presencia femenina central. Los delegados de las áreas y el Consejo de Delegados Departamentales han contado con las voces críticas de muchas trabajadoras. El actual comité ejecutivo del SUTIN está integrado en 37% por compañeras. Cierto aún no tenemos una secretaria general del SUTIN; es de los pendientes que hay que cumplir.
En un 8 de marzo entonces, no hay motivo para festejar. Pero si hay motivos de sobra para recordar a las trabajadoras que en todos los rincones del mundo han lucha por un mundo mejor, para reconocer lo alcanzado, para decirles a Clara Zetkin, a Rosa Luxemburgo, a Alejandra Kolontai, a Nadezhda Krúpskaya, a Benita Galeana, a Dolores Ibarruri, a Rosario Ibarra, a La Tita, a Maria Curie, a Angela Davis, a tantas y tantas trabajadoras que han luchado por un mundo mejor, que no se han olvidado sus ejemplos y sus enseñanzas
Cierto, no hay motivos para festejar y hay mucho por hacer, pero eso no impide decirles a las trabajadoras del mundo:
Felicidades compañeras y amigas, la lucha continúa.

