jueves, 28 de febrero de 2019

NUEVA LEY PROPONE CAMBIOS PROFUNDOS EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA

* Esta iniciativa se debe llevar a la discusión más amplia



La iniciativa de Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, propone cambios en el ámbito de la investigación científica. Desaparecerían organismos como el Foro Consultivo Científico y Tecnológico y otros. Sus funciones serían asumidas por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT), que estaría a cargo de la rectoría del Sistema Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías.
El proyecto define que el CONAHCYT, que sustituiría al actual Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, estará facultado para formular y articular las políticas públicas del Estado mexicano en la materia, así como para fomentar y apoyar las actividades relativas en el país, definir los lineamientos para la asignación de presupuestos, coordinar los Centros Públicos de Investigación y asumir la colaboración con los órganos u organismos competentes en las entidades federativas.
Esta centralización ha generado críticas que señalan que con la desaparición de estos organismos no habrá contrapesos ni mecanismos para la consulta, aunque la propia iniciativa establece que el CONAHCYT integrará, promoverá y coordinará instancias colegiadas y espacios de consulta sustantiva y participación, garantizando su composición incluyente y plural, así como su operación transparente. Estos espacios solo recibirán apoyo logístico.
Si los gobiernos anteriores hicieron todo lo posible por quitar facultades al estado para transferirlas a la iniciativa privada, ya fuera de manera directa o con la inclusión de representantes de ella en órganos consultivos , la actual iniciativa va en un sentido inverso, para recuperar la facultad del gobierno en la definición de las políticas públicas.
Al tiempo que continúan las noticias sobre nombramientos en diversas dependencias del gobierno federal, se siguen dando a la luz manejos de anteriores gobiernos que dejan al descubierto los alcances de la corrupción, que no se detuvo en el robo de petróleo, sino que llegó a las guarderías subrogadas y a los recursos para la investigación, igual que a universidades, como ya antes se había denunciado.
En este marco, ha empezado a ocupar espacios informativos, pero en menor magnitud, lo relacionado con esta iniciativa, presentada por la senadora Ana Lilia Rivera, integrante de las comisiones de Agricultura, Justicia, Cultura y Anticorrupción y Presidente de la Comisión de Estudios Legislativos de la Cámara de Senadores y quien, ante las críticas por no consultar previamente a la comunidad científica, contestó que tendrán oportunidad de ser escuchados, pero que los privilegios, abusos y corrupción se acabaron en este país.
En la exposición de motivos de la iniciativa se dice que se requiere una renovación jurídica del sistema de ciencia y tecnología, pero que este cambio no es posible a partir del actual orden institucional y sus mecanismos, ya que estos fueron diseñados para facilitar que empresas privadas se sirvan de los recursos públicos y para que gobiernos estatales suplan sus omisiones en materia de desarrollo social y prestación de servicios públicos.
Propone direccionar los objetivos institucionales del régimen público de fomento y apoyos, así como de la política pública en la materia, hacia el desarrollo integral de la Nación y el bienestar social para lo cual, dice, debe haber una reestructuración del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Se considera que debiera haber reformas constitucionales, aunque no dice en qué términos, a los artículos 3, 4, 28 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, además de la presente propuesta de ley, que sustituiría a la Ley de Ciencia y Tecnología y en la que quedaría integrada la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología , además de modificar disposiciones de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados.
Designa al CONAHCYT como la autoridad competente para vigilar la observancia de los principios de previsión, prevención y precaución por parte de quienes realicen actividades de investigación, aplicación y desarrollo tecnológico en el país, particularmente de aquellos investigadores o desarrolladores de tecnología beneficiados por el Régimen Público de Fomento y Apoyos a la Investigación y al Desarrollo Tecnológico.
Corresponderá a este organismo -señala- definir la política de Estado en materia de humanidades, ciencias y tecnologías; apoyar la investigación de frontera y aquella orientada a la atención de problemas sociales prioritarios, impulsar el desarrollo tecnológico y el fortalecimiento de las capacidades científicas y tecnológicas de la planta productiva nacional, con el propósito de consolidar la independencia tecnológica del país y definir el Programa Especial de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, así como coordinar su ejecución y evaluación, a partir de criterios preferentemente cualitativos. Dicho en pocas palabras, el CONAHCYT diseñará, financiará, implementará y vigilará las actividades de humanidades, ciencias y tecnologías.
Al asumir de manera directa las funciones del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, la Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Red Nacional de Grupos y Centros de Investigación, órganos que desaparecerían, se centralizan funciones y toma de decisiones en el sector.
Se señala que se trata de evitar la creación de nuevos órganos autónomos de cabildeo y representación de intereses corporativos o la institucionalización de grupos de presión que actúen en representación de intereses particulares. De cualquier modo, no queda claro cómo se llevaría la consulta y la participación a quienes hacen la investigación y el desarrollo, que tampoco han sido tomados en cuenta por los organismos actualmente existentes.
Entre las nuevas atribuciones que se dan al CONAHCYT está la atención de consultas ciudadanas, de los sectores social y privado, y aquellas requeridas por otros órganos públicos federales, locales o municipales, en las condiciones y sobre las materias que se requieran . Plantear de manera tan vaga esto, pone al organismo responsable de la ciencia en México a cumplir funciones de una encuestadora o que corresponden a otras instancias de la administración pública y no queda claro de qué manera hacer encuestas solicitadas por cualquier gobierno o entidad pública y sobre cualquier materia, beneficiará a la ciencia.
En materia de presupuesto, el Consejo definirá las prioridades, los lineamientos programáticos y los criterios de asignación del gasto para las humanidades, ciencias y tecnologías que deberá tomar en cuenta la Administración Pública Federal y, conjuntamente con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la revisión y análisis integral de los anteproyectos de programa y presupuesto de la Administración Pública Federal para apoyar la investigación y el desarrollo tecnológico.
Se plantea que debe se debe hacer una evaluación, a partir de criterios preferentemente cualitativos para medir el impacto, los resultados y beneficios de los recursos asignados a los programas de las dependencias, órganos administrativos desconcentrados y entidades paraestatales que realicen investigación y desarrollo tecnológico, además de aprobar los proyectos en los que las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal pretendan ejercer dichos recursos.
La iniciativa señala que para el otorgamiento de los beneficios correspondientes, se preferirán proyectos orientados a los programas prioritarios del Gobierno Federal, los que tengan como objeto prioritario contribuir a la protección de la salud, el medio ambiente y la riqueza biocultural del país, el uso racional y la conservación de los recursos naturales, el respeto del territorio, los conocimientos y la cultura de los pueblos y comunidades indígenas y equiparables, y la vinculación entre la investigación, el desarrollo tecnológico y la generación de nuevos conocimientos y tecnologías en general con los sectores público, social y privado que incidan en el crecimiento económico del país, el mejoramiento de las condiciones laborales de la población y el desarrollo de fuerzas productivas nacionales.
En este tema, como en otros, se advierte un cambio respecto a la actual ley, que canaliza recursos a las empresas que implementen alguna innovación a la que la propia ley define como “generar un nuevo producto, diseño, proceso, servicio, método u organización o añadir valor a los existentes” lo que da pie a que cualquier cambio en las formas de producción o incluso producto nuevo, hagan a la empresa que lo implemente acreedora potencial de recursos públicos.
Otro tema de la iniciativa es el de los centros públicos de investigación, cuya ley orgánica quedó pendiente. Para este sistema se propone la sustitución de los Convenios de Administración por Resultados por los Programas de Desarrollo Institucional, mismos que -se afirma- permitirán a los Centros tener mayor control y autonomía de gestión. Se establece que los ingresos que generen los Centros Públicos de Investigación derivados de la venta de servicios, bienes y productos de investigación y desarrollo tecnológico, serán destinados a los proyectos autorizados por sus órganos de gobierno y que sus montos no darán lugar a la disminución, limitación o compensación de las asignaciones presupuestales normales, autorizadas conforme al Presupuesto de Egresos de la Federación.
En el tema de los trabajadores académicos, se dice que se regirán de conformidad con los Estatutos de Personal Académico, que deberán ser aprobados por los órganos de gobierno y deberán establecer los derechos y obligaciones académicos, así como las reglas relativas al ingreso, promoción, evaluación y permanencia de ese personal en el ámbito académico. El derecho a la organización de estos trabajadores, así como sus derechos laborales, quedan así en una suerte de situación de excepción, como si el ser académico o investigador, eliminara sus condición de trabajador asalariado.
Esta iniciativa ha generado, como se señalaba líneas, arriba fuertes críticas sobre todo en los aspectos de centralización de decisiones por parte de CONAHCYT. Ciertamente, no hubo consulta previa alguna para su elaboración y no hay a la vista mecanismos para que la sociedad y los afectados puedan emitir sus opiniones y propuestas al respecto. Sin embargo, en algunas de las críticas se puede advertir más un ataque a la pérdida de posiciones de quienes sí fueron tomados en cuenta por los gobiernos anteriores, que una defensa de la investigación científica. Se ve más el interés por criticar al nuevo gobierno.
Se incluyen en la propuesta conceptos que quedan poco claros o que requieren mayor claridad como los de riqueza biocultural y saberes tradicionales, así como numerosas referencias a la seguridad en la investigación, invocando los principios de previsión, prevención y precaución, como si fuera algo que se omitiera en el trabajo cotidiano de investigación y desarrollo. Se requiere abrir la discusión en estos temas y aclarar significados y alcances.
Si, como se dice en la declaración de motivos, la idea es dar un golpe de timón para garantizar que la investigación y el desarrollo tecnológico se traduzcan en bienestar para la sociedad, se requiere abrir la discusión a esa sociedad a quienes se pretenden dirigir los esfuerzos. En primer término, se debe escuchar a los trabajadores de la ciencia que desde los cubículos, los laboratorios y los talleres hacen la investigación, los que han sostenido la investigación a pesar de la falta de recursos y quienes tampoco fueron escuchados por los que hoy se dicen excluidos.
Deben quedar en la legislación claros los mecanismos para la participación de los trabajadores de la ciencia en la toma de decisiones de los asuntos que les afectan en su trabajo y en sus derechos. Debe quedar también establecido el respeto a la condición de trabajadores, con todos los derechos laborales y sociales al personal científico, académico, de apoyo y administrativo de las instituciones de educación e investigación.

Cargos y cambios en la ciencia y la tecnología

*El escándalo por nombramientos aberrantes opacó la presentación de una reforma con bemoles.

Por Carlos Guillén S.
Integrante del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear y
colaborador voluntario de Frecuencia Laboral
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A últimas fechas se habla mucho de lo que ocurre en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Han proliferado noticias sobre el uso y abuso de recursos de esa institución por la anterior administración, sobre los cambios que propone la nueva dirección y, en los primeros días de febrero de 2019, sobre el nombramiento de funcionarios cuya preparación está muy alejada de lo que se esperaría en quienes trabajen en la institución responsable de la política científica y tecnológica de México.
Aunque la magnitud de las críticas hizo que se diera marcha atrás en los nombramientos y el propio presidente de la república se pronunció al respecto, lo cierto es que tales nombramientos nunca debieron ocurrir. El sector de la ciencia y la tecnología es uno de los que cuentan con la mayor cantidad de gente preparada para emprender las tareas que hoy son necesarias para nuestro país.
Muchos de ellos, votaron el pasado primero de julio por dejar atrás las políticas dominantes durante más de tres décadas. Muchos de ellos han debido dedicarse a otras actividades a causa del abandono oficial en que las instituciones del sector han estado durante años. No debió ocurrir.
El escándalo generado opacó la presentación a la Cámara de Senadores de una iniciativa de Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, que se pretende sustituya a la actual Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, y que modificaría la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados. Como en el pasado, apenas algunos organismos e instituciones relacionadas con la investigación científica se han enterado y pronunciado al respecto. Para el público en general, la noticia se quedó en los nombramientos de un estudiante y una diseñadora de modas como funcionarios de Conacyt.
Desde antes de la toma de posesión del presidente Andrés Manuel López Obrador se empezó a dar alguna información sobre las intenciones de cambio en el sector de ciencia y tecnología y específicamente en Conacyt. Sin embargo, lo fragmentado de la información y una serie de intercambios epistolares poco claros entre la anterior dirección de Conacyt y el equipo de transición, arrojaron más dudas sobre el futuro del sector que elementos sobre los cambios que se pretendía implementar.
La iniciativa ahora presentada propone cambios radicales a la organización y funcionamiento que hasta ahora ha tenido este sector. Como los temas de la reforma laboral, de la energía o del aeropuerto, el de la ciencia y tecnología (y ahora también de las humanidades) debe ser un tema de interés nacional.
A diferencia de los anteriores cambios legislativos en la materia, hoy es necesario abrir un período de información y discusión nacional en el que se tome en cuenta en primer lugar, la opinión de investigadores, académicos, trabajadores y estudiantes de las instituciones en las que se realizan actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico (y humanidades) pero en el que pueda participar toda la sociedad.
Esta iniciativa, así como las propuestas, opiniones o críticas que en el tema de ciencia surjan de cualquier sector de la sociedad, deben ser analizadas con todo cuidado, si se quiere que, como todo mundo afirma, la ciencia y la tecnología jueguen un papel de primera importancia en el desarrollo soberano de México, o en su transformación, si se prefiere.
Un aspecto que sin ser central, no deja de llamar la atención, es que la iniciativa sea presentada por una senadora que no es integrante de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado, sino de las de Agricultura, Anticorrupción, Cultura, Justicia y la segunda de Estudios Legislativos, la cual preside. El motivo podría ser que la Comisión de Ciencia y Tecnología en el Senado la preside el PRI.
En la exposición de motivos se señala que “ las humanidades, ciencias y tecnologías están llamadas a reivindicar su papel en la vida pública y en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. De lo que se trata es de poner las capacidades de investigación y desarrollo tecnológico del país al servicio del pueblo de México y de los intereses nacionales”.
Se hace un recuento de los antecedentes legislativos en la materia, desde la expedición de la Ley para el Fomento de la Investigación Científica y Tecnológica , que fue abrogada en 2002 para la entrada en vigor de la Ley de Ciencia y Tecnología , misma que ha sido modificada en nueve ocasiones: tres durante la administración de Vicente Fox Quesada, tres más en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa y otras tres veces en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Con las modificaciones, se agregó al nombre de la Ley el término Innovación , mismo que se puso en el centro de las políticas en la materia.
Se señala que la legislación vigente no ha logrado que las humanidades, las ciencias y las tecnologías aporten al desarrollo integral de la Nación, y que se favorece hasta la fecha el interés privado en perjuicio de la sociedad mexicana sin contribución alguna al desarrollo nacional, no obstante que se usan fondos públicos a través de instancias de gobierno.
Se hace referencia a la iniciativa presentada en abril de 2018 por el Ejecutivo Federal en la que se pretendía sentar las bases jurídicas para garantizar la permanencia de la política sectorial al margen de los gobiernos federales en turno. Adicionalmente, la reforma contemplaba un rediseño institucional de los órganos del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y la reestructuración de los mecanismos de financiamiento, especialmente en materia energética.
Esta propuesta, se afirma en la exposición de motivos, fue apoyada por la directiva del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, así como el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, y fortalecía esquemas y mecanismos diseñados para facilitar que empresas privadas, a través de la mediación de instancias estatales, se sirvan de los recursos públicos para financiar sus emprendimientos sin riesgos ni costos y sin responsabilidad social.
Hoy, lo que se requiere –continúa la exposición de motivos- son cambios en la normatividad de ciencia y tecnología que recuperen los aportes técnicos y sustantivos de legislaturas pasadas sin que ello suponga profundizar los mecanismos y esquemas impulsados en las administraciones anteriores, sino que más bien el nuevo gobierno dé un golpe de timón en la materia para garantizar que la investigación y el desarrollo tecnológico se traduzcan en bienestar para la sociedad, de conformidad con los mandatos constitucionales que rigen las formas y objetivos del desarrollo nacional y definen al Estado como garante de los derechos del pueblo de México.
Esta iniciativa plantea la recomposición de los órganos de decisión y ejecución del Sistema y la consiguiente concentración en el Consejo, que ahora sería de Humanidades, Ciencia y Tecnologías, de funciones y atribuciones estratégicas hasta ahora dispersas en múltiples órganos del sistema y diversas instancias de la Administración Pública Federal.
Se propone la reorganización de los espacios y mecanismos de coordinación y colaboración con las dependencias y entidades públicas, federales y locales, de los Centros Públicos de Investigación, así como de los medios de consulta y participación de la comunidad académica, científica y tecnológica y los sectores público, social y privado, evitando -se señala- la creación de nuevos órganos autónomos de cabildeo.
Con la reorganización propuesta, el CONHACYT asumiría directamente las funciones del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, la Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Red Nacional de Grupos y Centros de Investigación. Igualmente, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología asimilaría a la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados.
Con aprobación de esta Ley, quedarían abrogadas la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y en su articulado, para el que se proponen 87 artículos distribuidos en 9 Títulos, incluiría lo relativo a la pendiente ley orgánica de los centros públicos de investigación.
A reserva de abordar en una siguiente entrega algunas de las propuestas de esta iniciativa, hay dos aspectos de suma importancia para las instituciones y sus trabajadores. Por un lado, se reitera en el artículo 31 propuesto que “e l monto anual que el Estado destine a las actividades de investigación y desarrollo tecnológico deberá ser tal que el gasto nacional en este rubro no podrá ser menor al 1% del producto interno bruto del país, mediante los mecanismos e instrumentos de fomento y apoyo previstos en la presente Ley y en otros ordenamientos aplicables”. Sin embargo, el mismo artículo señala que “En tanto no se alcance la meta del 1% del producto interno bruto, el presupuesto federal en humanidades, ciencias y tecnologías deberá registrar anualmente un incremento sostenido real con respecto al del año fiscal inmediato anterior”, lo que deja abierta la puerta para su incumplimiento y ni siquiera establece un plazo para lograrlo.
En lo que respecta a los trabajadores y sus derechos, simplemente se dice en el artículo 11 que “Los trabajadores del CONAHCYT continuarán incorporados al régimen de la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado” y en un transitorio se dice que “La entrada en vigor de esta Ley no afectará los derechos laborales adquiridos por los trabajadores del organismo”.
Un aspecto positivo que se plantea está en las atribuciones que se dan al Director del Consejo, ya que la fracción XXIII del artículo respectivo establece: Celebrar el Contrato Colectivo de Trabajo del CONAHCYT. Esto debe aprobarse y hacerse extensivo a todos los trabajadores de los centros públicos de investigación. Actualmente, los trabajadores de Conacyt y de los centros de investigación están bajo muy distintos regímenes laborales. Algunos tienen contratos colectivos de trabajo y son sujetos del apartado A del artículo 123 constitucional, mientras que otros están encuadrados en el apartado B y tienen condiciones generales de trabajo. Muchos más, carecen de organización y les son negados todos sus derechos laborales. La ley debe ser clara al respecto, los investigadores, personal de apoyo y administrativo de las instituciones de investigación (y humanidades) son trabajadores y deben ser respetados todos sus derechos laborales, incluidos por supuesto los de organización, contratación colectiva, estabilidad en el empleo y seguridad social. Su alta calificación no debe ser usada como pretexto para aplicarles un régimen laboral de excepción.
http://www.frecuencialaboral.com/CIENCIAcargosycambios2019.html 

sábado, 16 de febrero de 2019

Trabajadores del sector de la ciencia y la Cultura

DE LA AUSTERIDAD REPUBLICANA A LA POBREZA FRANCISCANA




Uno de los principales problemas que afecta a las instituciones públicas de investigación, educación y cultura es la insuficiencia de personal. Los gobiernos recientes han agudizado esta escasez mediante constantes instrucciones que desde la Secretaría de Hacienda han indicado que no debe contratarse más personal, en correspondencia con un discurso acerca de la necesidad de reducir el papel y el tamaño del Estado.
En algunas instituciones se pudo enfrentar parcialmente este problema con la contratación de personal como eventuales, provisionales, por honorarios, o con estudiantes que son recibidos como becarios para hacer sus tesis o servicio social y participan en el apoyo a las actividades sustantivas. En algunos casos, si bien se han podido cubrir las principales necesidades institucionales, se han generado problemas adicionales, pues tales formas de contratación son irregulares, pasan por encima de los contratos colectivos y condiciones generales de trabajo e incrementan los problemas laborales, al dejar al personal así contratado, en condiciones de precariedad, sin seguridad social, sin prestaciones y lo peor, sin estabilidad en el empleo.
El cambio de gobierno generó expectativas de que tal situación podría cambiar y que se podría mejorar la situación de estas instituciones; entre otras cosas, con un presupuesto adecuado que permitiera contar con el personal necesario para realizar las actividades que cada institución tiene asignadas.
Sin embargo, con la promulgación de la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos y con las instrucciones que, nuevamente desde la Secretaría de Hacienda, se han circulado para evitar la contratación de personal, la situación tiende a empeorar.
Al iniciar sus funciones el nuevo gobierno, se anunció que serían separados de la administración pública los aviadores, es decir, aquellas personas que recibían generalmente altos salarios en diversas dependencias, sin realizar trabajo alguno, medida que fue bien vista por la sociedad. En la práctica, sin embargo, tal acción ha afectado a trabajadores de base, cuyo trabajo es necesario para su institución.
Se trata de personal, que si bien ha sido contratado de manera irregular, realiza actividades de apoyo a la investigación y docencia como técnicos en laboratorios y talleres, en la conservación del patrimonio cultural, en la difusión y hasta en la atención al público. Lo que procede es corregir tal situación, cumplir con lo estipulado en los pactos colectivos y regularizar la situación de estos trabajadores, a fin de fortalecer a las instituciones en las que prestan sus servicios.
En lo que va del año, se han dado a conocer numerosas denuncias acerca de personal que sin mayor explicación, es separada de sus empleos. En varios casos, se trata de trabajadores de centros de investigación.
El Sindicato Auténtico de Trabajadores del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (SIATCIAD) señala que desde los primeros días del año, 72 eventuales, de los cuales 52 son sindicalizados, no perciben sus salarios. A estos se suman otros trabajadores, en condiciones similares, con lo cual se llega a un total de 101 trabajadores que no han sido recontratados. La inesperada situación ha afectado no solo la situación económica de los afectados y sus familias, sino su estabilidad emocional y su salud. Ante esta situación, el SIATCIAD ha realizado movilizaciones en las calles de Hermosillo, Sonora, donde está la sede del Centro y ha demandado la intervención de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de la entidad.
También en el norte del país, en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR) cuya sede está en La Paz, Baja California y cuenta con otros cuatro centros de trabajo en Sonora y Nayarit, más de cien trabajadores están esperando el pago de sus quincenas. El Sindicato Único de Personal Técnico y Administrativo del CIBNOR explicó que la suspensión inició con un oficio emitido por la Secretaría de Hacienda, el cual data del siete de diciembre del 2018 y en el que se instruye a los estados, no realizar contratos eventuales al menos de que estos sean justificados. No obstante que se hizo la justificación correspondiente, no hay respuesta por parte de las autoridades de Hacienda.
En diversos institutos de investigación del sector salud, donde además de hacer investigación se atiende a pacientes, tampoco se está recontratando a personal eventual, lo que ha llevado a una disminución sustancial en los pacientes a los que se les dará tratamiento. Hay institutos en los que incluso se despidieron médicos y algunas enfermeras. En otros casos, se ha quitado el seguro de vida a médicos.
En el Instituto Nacional de Antropología e Historia ya hace mucho se ha denunciado la insuficiencia de personal para atender adecuadamente las zonas arqueológicas, restaurar y preservar el patrimonio cultural y hacer investigación, lo que llevado también a la contratación irregular de personal. En días pasados, trabajadores de este instituto se han manifestado frente a Palacio Nacional en demanda de atención a su situación. En la Escuela Nacional de Antropología e Historia se ha dejado de pagar también y se ha anunciado incluso a jefes de carrera que su contratación será distinta. Como en las otras instituciones, el personal sigue realizando su trabajo en medio de la incertidumbre sobre su situación laboral.
Los casos mencionados son solo algunos ejemplos de lo que ha ocurrido con la aplicación, sin tomar en cuenta las condiciones particulares de cada lugar y sin escuchar a los trabajadores afectados, de las medidas de la austeridad republicana. Para los centros de investigación, instituciones de cultura y educación, más bien pareciera que se les quiere llevar a la pobreza franciscana.
Con todo, los trabajadores de estas instituciones que cuentan con organización, están en lucha. El Sindicato Unitario de Trabajadores del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (SUTINAOE) emplazó a huelga a su institución por 15% de incremento salarial para el 15 de marzo. Cabe destacar que desde hace tiempo, el SUTINAOE ha desarrollado constantes actividades por ligar la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo de sus afiliados, con el trabajo por fortalecer las actividades de investigación y desarrollo que se realizan en esa institución con sede en Puebla.
Conjuntamente con otros sindicatos, entre los que están el SUPTACIBNOR y el SIATCIAD, este sindicato ha llevado al poder legislativo y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, sus peticiones en común:
1.- Reconocimiento de los CCT´S por la SHCP.
2.- Revisión contractual y salarial de los Centros Públicos de Investigación.
3.- La justa interpretación de las medidas de austeridad del gobierno federal, para no afectar los derechos de los trabajadores.
4.- Promociones de puestos y categorías, estímulos, impuestos y otros puntos de cada centro.
Otro sindicato del sector, el Sindicato de Trabajadores del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (SITIMTA), que había emplazado a huelga por revisión contractual, llegó a acuerdos con la administración de su institución, lo que conjuró la huelga.
A pesar de que durante el proceso de revisión, hubo cambio de administración y se pretendió dar marcha atrás a lo avanzado, se acordó un incremento de 3.35% a salario y 1.8% a prestaciones. Se firmó además una nueva prestación a la que se denominó Fondo de retiro digno, con lo que se busca atender la necesaria renovación del personal. El Convenio de recuperación salarial, que se había negociado previamente a fin de corregir el rezago producido por años en que el personal no tuvo incremento salarial alguno, sigue en pie. La idea es recuperar en seis años lo perdido en 15 que no hubo aumento.
Acordes con las necesidades del país, van a continuar los trabajos entre administración y sindicato para trabajar en la reestructuración y reingeniería del IMTA.
Los trabajadores del conocimiento así, no solo deben enfrentar las pésimas condiciones en que dejaron a sus instituciones las políticas gubernamentales, sino la aplicación incorrecta de las medidas del nuevo gobierno. Al mismo tiempo, hacen propuestas para avanzar, defendiendo los derechos de los trabajadores a la vez que se busca fortalecer a sus instituciones.

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