Primero de mayo. Dispersión en tres actos y una farsa

La epidemia de influenza no sólo sacó a relucir la fragilidad del sector salud y el abandono en que se tiene a la ciencia y la tecnología, así como las carencias oficiales en el manejo de la información.
La suspensión de innumerables actividades y la reprogramación de algunas de éstas a causa de la emergencia sanitaria, también sacaron a flote inconsistencias y debilidades del movimiento sindical. Desde que el charrismo abandonó el “desfile obrero”, el espacio abandonado fue ocupado por el sindicalismo democrático. Aunque muchas veces la coincidencia entre los distintos destacamentos de éste se limitaban a fecha y lugar de manifestación, lo cierto es que se fue forjando un proceso unitario en el que se construyeron organismos unitarios como el Frente Sindical Campesino, Indígena Social y Popular o, un poco retocado éste, el Movimiento por la Soberanía Alimentaria, Energética, los Derechos de los Trabajadores y las Libertades Democráticas.
Las jornadas unitarias de enero por el rescate del campo mexicano, las jornadas en defensa de los recursos energéticos y los primeros de mayo de cada año, han sido algunos de los principales momentos de unidad del movimiento democrático en nuestro país. Llegar a ellos no ha sido sencillo, pues se han tenido que superar las diferencias políticas y programáticas entre los distintos sectores, así como los afanes protagónicos de quienes quieren aparecer como los más radicales, los más responsables o los más numerosos del movimiento. No obstante, se han dado pasos importantes y se ha mostrado al gobierno y a las propias fuerzas integrantes del movimiento, los alcances y las posibilidades de la unidad.
Este año sin embargo, fue distinto. Si cada primero de mayo, la inercia de la fecha y las fuerzas unitarias en cada frente empujaban a la unidad y se logró pasar de la ocupación por turnos de la Plaza de la Constitución hace pocos años, a una marcha unitaria en los años recientes, ahora las fuerzas centrífugas, siempre presentes tanto en el Frente Sindical Mexicano como en la UNT, encontraron en la posposición de la marcha a causa de la emergencia sanitaria, ocasión para convocar a marchas en días distintos, por supuesto sin dejar de hacer fervientes llamados a la unidad. Aunque originalmente se había hablado de una marcha unitaria, el acuerdo finalmente no llegó, y a la falta de incentivos porque el día de la(s) marcha(s) y los siguientes, había que ir a trabajar, no habría fiestas al término de la(s) marcha(s) y el cambio de fecha las hacía parecer como una(s) más de tantas movilizaciones, se sumó la división con el resultado de dos pequeñas movilizaciones, perdidas en el calendario de la protesta cotidiana.
No fue la única muestra de dispersión. Ya desde el primero de mayo, quienes no se plegaron a la emergencia y quisieron reivindicar la fecha conforme al calendario histórico, marcharon en pequeños grupos en la ciudad de México y en contingentes mayores en otras plazas, causando mayor preocupación a los medios informativos y a los pocos que los vieron marchar, por no usar cubrebocas, que el efecto causado por sus voces de protesta.
Para el anacrónico charrismo, la epidemia sirvió como pretexto perfecto para evitar la pena de reunir a puñados de trabajadores en un acto tan fugaz como vacío de contenido. La farsa este año justificó su paupérrima fuerza con la epidemia.
Estos tres actos y la farsa, muestran el estado del sindicalismo en México: dividido, con organización limitada y sin un proyecto nacional unitario, dependiente más de lo que rechaza que de lo que propone.
Pero fuera del sindicalismo las cosas no están mejor. Las actuales campañas proselitistas de los partidos políticos, tampoco presentan una alternativa para los problemas nacionales; los gobiernos cada día sacan a relucir ineficiencias y descomposición y los medios de difusión en su mayoría se dedican a lo vano y superficial. ¿Significa que no hay nada que hacer más que sentarse a esperar lo inevitable?No. El vacío de propuestas muestra un terreno que se debe sembrar. La actual polémica en torno a la anulación del voto, muestra que hay interés en sectores de la sociedad por su futuro, pero también hay hartazgo. Y los problemas ahí están: el empleo, la alimentación, el deterioro ambiental, la salud, la vivienda. Lo importante no es el resultado de las próximas elecciones legislativas, estatales o sindicales, lo importante es el futuro del país y del mundo. Y los trabajadores, cuya condición no cambia por los vaivenes de la política, poseedores del conocimiento y de la capacidad de producción, deben asumir su papel. Los sindicatos pueden aun ser una fuerza real de transformación de la sociedad, a condición de superar limitaciones y protagonismos y diseñar políticas, programas y tácticas de lucha para enfrentar los problemas reales. Lo importante no es la marcha de la próxima semana o el festejo del próximo mes, sino el futuro de la nación y el papel de los trabajadores en la sociedad.
La suspensión de innumerables actividades y la reprogramación de algunas de éstas a causa de la emergencia sanitaria, también sacaron a flote inconsistencias y debilidades del movimiento sindical. Desde que el charrismo abandonó el “desfile obrero”, el espacio abandonado fue ocupado por el sindicalismo democrático. Aunque muchas veces la coincidencia entre los distintos destacamentos de éste se limitaban a fecha y lugar de manifestación, lo cierto es que se fue forjando un proceso unitario en el que se construyeron organismos unitarios como el Frente Sindical Campesino, Indígena Social y Popular o, un poco retocado éste, el Movimiento por la Soberanía Alimentaria, Energética, los Derechos de los Trabajadores y las Libertades Democráticas.
Las jornadas unitarias de enero por el rescate del campo mexicano, las jornadas en defensa de los recursos energéticos y los primeros de mayo de cada año, han sido algunos de los principales momentos de unidad del movimiento democrático en nuestro país. Llegar a ellos no ha sido sencillo, pues se han tenido que superar las diferencias políticas y programáticas entre los distintos sectores, así como los afanes protagónicos de quienes quieren aparecer como los más radicales, los más responsables o los más numerosos del movimiento. No obstante, se han dado pasos importantes y se ha mostrado al gobierno y a las propias fuerzas integrantes del movimiento, los alcances y las posibilidades de la unidad.
Este año sin embargo, fue distinto. Si cada primero de mayo, la inercia de la fecha y las fuerzas unitarias en cada frente empujaban a la unidad y se logró pasar de la ocupación por turnos de la Plaza de la Constitución hace pocos años, a una marcha unitaria en los años recientes, ahora las fuerzas centrífugas, siempre presentes tanto en el Frente Sindical Mexicano como en la UNT, encontraron en la posposición de la marcha a causa de la emergencia sanitaria, ocasión para convocar a marchas en días distintos, por supuesto sin dejar de hacer fervientes llamados a la unidad. Aunque originalmente se había hablado de una marcha unitaria, el acuerdo finalmente no llegó, y a la falta de incentivos porque el día de la(s) marcha(s) y los siguientes, había que ir a trabajar, no habría fiestas al término de la(s) marcha(s) y el cambio de fecha las hacía parecer como una(s) más de tantas movilizaciones, se sumó la división con el resultado de dos pequeñas movilizaciones, perdidas en el calendario de la protesta cotidiana.
No fue la única muestra de dispersión. Ya desde el primero de mayo, quienes no se plegaron a la emergencia y quisieron reivindicar la fecha conforme al calendario histórico, marcharon en pequeños grupos en la ciudad de México y en contingentes mayores en otras plazas, causando mayor preocupación a los medios informativos y a los pocos que los vieron marchar, por no usar cubrebocas, que el efecto causado por sus voces de protesta.
Para el anacrónico charrismo, la epidemia sirvió como pretexto perfecto para evitar la pena de reunir a puñados de trabajadores en un acto tan fugaz como vacío de contenido. La farsa este año justificó su paupérrima fuerza con la epidemia.
Estos tres actos y la farsa, muestran el estado del sindicalismo en México: dividido, con organización limitada y sin un proyecto nacional unitario, dependiente más de lo que rechaza que de lo que propone.
Pero fuera del sindicalismo las cosas no están mejor. Las actuales campañas proselitistas de los partidos políticos, tampoco presentan una alternativa para los problemas nacionales; los gobiernos cada día sacan a relucir ineficiencias y descomposición y los medios de difusión en su mayoría se dedican a lo vano y superficial. ¿Significa que no hay nada que hacer más que sentarse a esperar lo inevitable?No. El vacío de propuestas muestra un terreno que se debe sembrar. La actual polémica en torno a la anulación del voto, muestra que hay interés en sectores de la sociedad por su futuro, pero también hay hartazgo. Y los problemas ahí están: el empleo, la alimentación, el deterioro ambiental, la salud, la vivienda. Lo importante no es el resultado de las próximas elecciones legislativas, estatales o sindicales, lo importante es el futuro del país y del mundo. Y los trabajadores, cuya condición no cambia por los vaivenes de la política, poseedores del conocimiento y de la capacidad de producción, deben asumir su papel. Los sindicatos pueden aun ser una fuerza real de transformación de la sociedad, a condición de superar limitaciones y protagonismos y diseñar políticas, programas y tácticas de lucha para enfrentar los problemas reales. Lo importante no es la marcha de la próxima semana o el festejo del próximo mes, sino el futuro de la nación y el papel de los trabajadores en la sociedad.
2 Comentarios:
Ta' bueno, conste que luego no responden y no se forma un buen diálogo.
Las ideas eje son:
1. Los sindicatos pueden aun ser una fuerza real de transformación de la sociedad
2. A condición de superar limitaciones y protagonismos
3. Y diseñar políticas, programas y tácticas de lucha para enfrentar los problemas reales.
4. Lo importante es el futuro de la nación y el papel de los trabajadores en la sociedad.
Los puntos 1 y 4 los dámos por válidos ya que son filosóficos o ideológicos, como gusten.
Tiene un rato que estoy enfrascado con el 2. El problema es que no hay conciencia sindical, en la práctica no creen en el sindicato aunque digan que si. Ya he tenido discusiones con el CEN, con los compañeros de la CEP y hasta con algún histórico, que parece que se volvió nihilista, será. Se deberían acordar del sindicato con cariño al menos dos veces al mes.
Esa es según yo veo la primera tarea porque sin mole no hay enchiladas (sin albur).
Saludos
El primer punto no es tan sencillo. Digo que pueden ser aun una fuerza, porque se necesita de los otros puntos. Como están, pueden seguir por un buen rato, como oficinitas de trámites, pero sin contar en política. Y el último punto anotado por Pedro, lo menciono porque puede ser una verdad histórica, pero si no es asumida por los sindicatos se desperdician esfuerzos en lo inmediato, sin ver y trabajar a mediano o largo plazo. Incluso se puede omitir este último punto y tener un buen sindicato, con sindicalistas honestos, que defiendan y mejoren la contratación, se peleen por defender a los compañeros, etc. Tener esto ya sería ganancia.
El problema a resolver de inmediato está en los puntos 2 y 3. No necesariamente habría que pedir que se acuerden 2 veces al mes del sindicato, tal vez la memoria ya no dé para eso. Pero si se puede insistir en una serie de puntos que en los años recientes han dado ciertos resultados.
Sin entrar en discusiones filosóficas, hay cambios cualitativos que pueden lograr cambios cuantitativos. Se cuenta con un grupo de compañeros conscientes de la importancia de la CyT en la transformación del país (es decir, en la búsqueda de soluciones nacionales) y del papel que un sindicato como éste (con su composición, su trayectoria. . .) puede tener en la inserción del tema en la agenda nacional (programas, tácticas. . .)
Se cuenta con la experiencia de lo ya avanzado y logrado. (foros sobre CyT, iniciativa de modificación a la ley CyT, presupuesto ININ, presencia del sindicato en el poder legislativo).
Creo que sin desatender los problemas inmediatos, hay muchos compañeros que pueden abordar estos y otros temas y desarrollar actividades que, con tener origen sindical, van más allá de los estrechos límites naturales del sindicalismo. La reciente emergencia sanitaria y la discusión posterior fertilizaron el terreno. No hay que dejar que se seque.
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