viernes, 10 de junio de 2011

El IPN y las luchas populares*

Carlos Guillén S.
De combativa clase
obrera y campesina
del pueblo entraña viva
soy politécnico


Judith Reyes


En días pasados, a propósito del número 33 de enlace nuclear, llegó a la redacción de éste, un mensaje electrónico, que en su parte medular dice:


. . . Por otro lado, que bien que se recordó el 10 de junio, jueves de corpus en ese año, quizás fuera bueno, aun cuando en el Centro Nuclear quizás existan más universitarios que humildes y pobres politécnicos, recordar que se realizó una balacera en el Casco de Santo Tomas, con la contribución de nueva cuenta de la muerte de hijos de trabajadores, o sea de gente fácil de reponer. Así como en el 68, los muertos mayoritariamente los puso el politécnico, hijos del pueblo (de los que hay muchos), aun cuando los universitarios en sus pláticas y conferencias recuerden más el lamentable hecho del bazucazo a la milenaria puerta de la preparatoria, sin importar que nosotros, los del poli además de poner los muertos, perdimos las prevocacionales, se redujeron las vocacionales y en castigo se anularon carreras como la de diseño industrial que ya estaba autorizada para iniciarse en el IPN y se llevó a la UNAM por ordenes del Sr. Echeverría. . .


En efecto, como señala el mensaje, las cuotas que universitarios y politécnicos tuvieron que pagar por su osadía de luchar por las libertades democráticas, fueron muy diferentes. El 18 de septiembre de 1968, el ejército entró a Ciudad Universitaria CU y, a pesar de las múltiples protestas internacionales, que llegaron al grado de que dos delegaciones amenazaron con retirarse de los juegos olímpicos, si no salían los militares de CU, éstos permanecieron durante varios días. Pocos días después, el 23 de septiembre, el ejército tomó las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional. En el caso del Casco de Santo Tomás, cuna del Politécnico, la toma fue sangrienta, casi salón por salón. A diferencia de los universitarios que recibieron a los soldados cantando el Himno Nacional, los jóvenes politécnicos resistieron con todo lo posible. El resultado: decenas de presos por la entrada del ejército a CU y decenas de muertos en la toma del IPN.

Ya antes de esta fecha habían sido ametralladas repetidamente varias escuelas del IPN. Caso particular es el de la Vocacional 7, una de las escuelas de nivel medio superior del IPN que más se distinguió por su participación y su combatividad en el movimiento estudiantil. Esta vocacional estaba en Tlatelolco y gracias al trabajo desarrollado por sus brigadistas, esta unidad habitacional era uno de los bastiones de apoyo popular al movimiento. No fue una casualidad que se haya escogido el mitin del 2 de octubre en ese lugar, para descargar sobre los estudiantes en lucha toda la fuerza del Estado, como ya se había amenazado. Tampoco es casualidad que esa escuela haya desaparecido, aunque después se haya creado una nueva con el mismo nombre. Como señala el compañero en su mensaje, también desaparecieron las prevocacionales, lo que, aunado a la separación del IPN, años atrás, de los tecnológicos regionales, dejaba en condiciones precarias el carácter nacional del Instituto Politécnico Nacional.

Años atrás, en 1956, correspondió también al IPN el triste honor de ser la primera institución de educación superior de América Latina en ser tomada por el ejército. Esto ocurrió también un 23 de septiembre, cuando el ejército ocupó las instalaciones del internado politécnico, localizadas en lo que ahora es la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. El pretexto: desalojar a los habitantes no registrados oficialmente como internos, que eran conocidos como “gaviotas”. En aquel momento, se acusó al IPN y particularmente a su internado de ser un refugio de comunistas y de estar influida por los rojos de la CTM (si, la CTM).

El contexto del 10 de junio

El 10 de junio de 1971, el Comité Coordinador de Comités de Lucha IPN-UNAM-normales citó a una manifestación en apoyo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Como en 1968, en que los seis puntos del pliego petitorio no encerraban todo el contenido programático del movimiento, tampoco el 10 de junio la marcha se quedaba en el apoyo a los estudiantes del norte del país. Para 1971, además de la vieja demanda de libertades democráticas, se luchaba por la democratización de la enseñanza, por la democracia sindical, por la alianza obrera - campesina - estudiantil.


Hay que recordar que a inicios de la década de los setentas, el movimiento obrero empezaba a aparecer en el escenario político nacional con una fuerza creciente. En Automex, en Chicles Adams, los obreros del transporte, textiles y muchos más se lanzaban a la lucha por mejores condiciones de vida y por democracia sindical. Empezaba también la lucha del Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM) en defensa de su contrato colectivo ante la pretensión de los charros cetemistas del SNESCRM por quedarse con la titularidad de los dos contratos colectivos que tenían los trabajadores de CFE a raíz de la nacionalización de la industria eléctrica en 1960.

El aún reciente movimiento estudiantil de 1968 había mostrado cómo los estudiantes solos, sin la participación de la clase obrera, difícilmente podrían lograr transformaciones profundas de la sociedad. Para muchos activistas estudiantiles, quedaba cada vez más clara la necesidad de vincular el movimiento estudiantil con el movimiento obrero. Si la lucha reciente por las libertades democráticas, había mostrado que ya estaba llegando a su fin el tiempo del control absoluto del PRI sobre la población, la lucha por la democracia sindical, iba directo contra uno de los pilares que sostenían el sistema político dominante: el charrismo sindical.

La manifestación del 10 de junio, entonces, era algo más que el regreso de las manifestaciones a las calles de la ciudad de México después del movimiento de 1968 o la solidaridad con el movimiento de los estudiantes de Nuevo León. Esta movilización representaba, además, la incorporación de la clase obrera al movimiento popular y un paso hacia la alianza obrera-estudiantil. La represión no fue sólo a los estudiantes sino a un movimiento en ascenso, que se recuperaba de la represión diazordacista y donde los trabajadores ocuparían un lugar importante.

De cualquier modo, la represión no pudo evitar el avance y la insurgencia obrera tomó el lugar que dejaba el movimiento estudiantil. Como no se había visto desde el movimiento ferrocarrilero, en los años siguientes la clase obrera ocupó plazas y titulares de la prensa, como hace unas semanas recordaba el Subcomandante Marcos. (nuclear 133, p. 21).

El IPN

Volviendo al trato sufrido por el Instituto Politécnico Nacional a manos del gobierno, vale la pena recordar el origen y la composición de clase de los estudiantes de esta institución, para tratar de entender la saña con que fue reprimido. El IPN surge durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas, ante la demanda obrera y campesina de educación para sus hijos y ante la posición de la derecha incrustada en la Universidad Nacional, que puso como pretexto la autonomía universitaria, para no participar en las transformaciones que en ese tiempo se daban, entre otros, en el ámbito educativo.

En esa década, había un ascenso en el movimiento obrero a nivel internacional. En España y en Chile, llegaron gobiernos de izquierda, con participación socialista, al poder; la URSS se fortalecía al tiempo que se preparaba para una posible guerra; en México, el movimiento obrero dio un enorme paso adelante en su organización, con la formación de la Confederación de Trabajadores de México, al tiempo que se expulsaba del país a uno de los principales jefes de la derecha, P. E. Calles. En esos años fue creada la Comisión Federal de Electricidad, se dio un importante impulso al ejido colectivo y, además del politécnico, fue creado el sistema de educación normal rural.
En esas condiciones, el IPN representaba el avance de la clase obrera. Con un internado para los hijos de los trabajadores, y con carreras que apuntaban al desarrollo económico del país, los estudiantes del politécnico eran fundamentalmente hijos de obreros y campesinos, a diferencia de la universidad, más integrada por sectores de la pequeña burguesía. Mientras el IPN, como las normales rurales, eran parte del sistema de educación socialista, la derecha se atrincheró en la universidad. La rivalidad, entonces, se dio de una manera natural. Politécnicos y universitarios se veían no sólo como integrantes de dos instituciones de educación superior con distintas orientaciones, sino como parte de diferentes clases sociales. No fue sino hasta el movimiento estudiantil popular de 1968, en que esta rivalidad dio paso a la unidad entre estudiantes de ambas instituciones.

El trato gubernamental para el IPN, expresado sangrientamente con la represión del 23 de septiembre de 1968 y con la toma del internado en 1956, entonces, tiene sus antecedentes a partir de la propia fundación del IPN y responde a su composición de clase. La diferencia entre la UNAM y el IPN era más que una diferencia de siglas o de tipo de carreras, era una diferencia de clases sociales.

Otra muestra del trato gubernamental al IPN, está en la situación jurídica del instituto. Baste señalar que el propio Cárdenas omitió la expedición de una Ley Orgánica del IPN y no fue sino hasta el gobierno de Luis Echeverría cuando esta omisión fue subsanada. Los gobiernos que siguieron al cardenista poco hicieron por fortalecer al IPN y más bien era tratado como una institución de poca importancia.

Esta diferente composición está también relacionada con las distintas actitudes de politécnicos y universitarios. Ya se ha mencionado la diferencia entre las actitudes de unos y otros ante la entrada del ejército en 1968. Esta diferencia se reflejaba también en las actividades cotidianas. Mientras los universitarios discutían los aspectos teóricos del movimiento en curso, para los estudiantes del IPN eran más importantes las acciones prácticas, la vinculación a los sectores populares de los cuales provenían. Esto se refleja también en el registro del movimiento; no es casualidad que la mayor parte de lo que se ha escrito y dicho sobre los movimientos estudiantiles sea relacionado con la participación de los universitarios, mientras que la participación politécnica se queda en la tradición oral y, por lo tanto, en peligro de perderse.

Agradecemos las observaciones que hace el compañero en su mensaje electrónico ya que nos han permitido recordar un poco del papel del IPN en los movimientos populares y de su composición de clase que, al menos en aquellos años, estaba más cerca de obreros y campesinos, como lo plasmara Judith Reyes, cantante popular, en la Canción del Politécnico.

* Publicado originalmente en la edición 134 de nuclear, Publicación del Sindicato Unico de Trabajadores de la Industria Nuclear, julio de 2001.

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