lunes, 2 de julio de 2012

¿Y después del PREP, qué?


Apenas hecho el anuncio del conteo rápido por el consejero presidente del IFE a las 11:15 de la noche, cinco horas después del cierre de casillas, para muchos terminó el proceso electoral. De inmediato, Felipe Calderón se apresuró a declarar ganador a Enrique Peña Nieto, como lo habían hecho antes Vázquez Mota y Quadri. López Obrador, por su parte, declaró que esperaría los resultados del cómputo distrital.
Las reacciones no se hicieron esperar, del festejo de los priistas, a la rabia y tristeza de muchos seguidores de AMLO.  Las redes sociales se llenaron de sentimientos encontrados. Muchos viendo con esperanza el avance del PREP, otros con expresiones de coraje lanzadas contra las televisoras, contra el sistema, a quienes se responsabilizó del resultado difundido.

Es cierto que el candidato que hoy se anuncia como ganador, es un producto de Televisa, cuidadosamente iluminado por reflectores de telenovela  y vendido por los departamentos de comercialización de esa empresa y sus aliados durante seis años. Cierto también es que el partido de gobierno abandonó a su candidata para que no hiciera contrapeso alguno a Peña Nieto, renovando el amasiato que PRI y PAN sostiene desde hace años.
Pero si queremos entender el porqué del resultado anunciado, habrá que ver también los propios errores y limitaciones del conglomerado de organizaciones e individuos que impulsaron la candidatura de las izquierdas.
Para empezar, el principal partido postulante. Inmerso en pleitos internos, el PRD dilapidó el capital político conquistado por su candidato presidencial y por una de sus vertientes, la que arrancó el registro de partido en pleno dominio priísta: la izquierda socialista. Sumergido en pleitos de toda laya y cada día más lejos de los movimientos sociales que le aportaron militantes y prestigio, el PRD se convirtió en algo como la parte progresista de un aparato copado por profesionales de la política, con prácticas, vicios y mañas que nada pedían al viejo partido del poder. Esta involución le restó seguidores y le hizo aparecer  ante muchos como una versión “de izquierda” del PRI. Además de sus vicios, esta izquierda abandonó hace tiempo cualquier tarea que tenga que ver con la preparación política y la formación de cuadros. De los otros partidos de izquierda, poco se puede decir.
El Movimiento de Reconstrucción Nacional, construido al calor de la lucha y trabajo de AMLO, desarrolló un importante trabajo de organización y de propaganda, sin contar con los cuantiosos recursos de los partidos con registro, la que, sin embargo aun es insuficiente. Aun así, fue capaz de tejer relaciones y organización por todo el país, al margen de los aparatos partidarios.
Se llegó entonces a las elecciones, con una candidatura débil por los antecedentes partidarios y por la permanente campaña negra de los poderes fácticos, pero que fue capaz de remontar su situación hasta disputar con seriedad la victoria.
Por el lado del PAN, 12 años de mal gobierno, su incapacidad y falta de voluntad para desmantelar el aparato priista incrustado en los órganos del estado y el baño de sangre en que metió al país, se reflejan en sus resultados electorales. No hay que dejar de lado, sin embargo, que el verdadero candidato panista, no compitió con las siglas azules. Perdieron los panistas de medio nivel que hicieron del aparato del estado una fuente de enriquecimiento, pero los de arriba, los que deciden las políticas, están a salvo, sus políticas difícilmente se harán a un lado con su candidato declarado ganador.
Por el otro lado, habrá que reconocer que EPN no es solo una creación de la televisión, sino que también es un producto de un partido que nunca salió realmente de las esferas del poder político y que cuenta con dos elementos fundamentales: una estructura territorial amplia, dotada de experiencia para las elecciones y una disciplina interna capaz de superar los pleitos domésticos en aras del bien partidario.
La votación lograda por EPN fue cuidadosamente sembrada desde las pantallas de la televisión, pero para convertirse en votos, fue irrigada por la sólida estructura partidaria tricolor. Casi en cualquier casilla podía verse a lo largo de la jornada electoral, una verdadera legión de representantes priistas, adicionales a los que en cada calle, en cada colonia, aún ofrecían dinero, mercancías y promesas, a cambio del voto. A muchos se nos olvidó algo elemental: para ganar las elecciones no es suficiente tener la razón y el mejor programa; tener a los más capacitados pensadores para integrar el gobierno, no representa gran cosa para una masa que todo lo necesita y para la que cien o mil pesos es una ayuda para el momento; se nos olvidó que se necesita, además de razón, programa y equipo, tener organización. En rigor, sí hubo atisbos de organización, pero ésta se diluyó en la medida en que no trabajó unida y con objetivos claros, sino dependiendo de la burocracia de cada partido o del caudillo local o aspirante a algún puesto de elección o a ser recompensado con una chamba.
Hay quienes reclaman evitar la imposición y llaman a resistir. Tienen razón. Pero la tarea no es de los siguientes días. Resistir hoy,  es evitar que las fuerzas que se nuclearon en torno a la candidatura presidencial de izquierda se dispersen; es consolidar la organización surgida en estos meses y darle dirección y programa. Es traducir la rabia y el coraje, en serenidad y ser capaces de encontrar una explicación de lo que está ocurriendo, no sólo en lo feos y malos que son en el campo contrario, sino en las limitaciones y errores propios.
Para algunos de nosotros no se trata de la primera derrota. Ya nos golpearon en 1958 en el sindicato ferrocarrilero, en los primeros sesentas nos dieron a los médicos, a los maestros, a los choferes; el  2 de octubre y el 10 de junio, cayeron muchos de los nuestros y en 1976 nos pegaron en la tendencia democrática y en toda la insurgencia obrera de la época. Encarcelaron a muchos de los nuestros y asesinaron a otros tantos. Corrieron del campo a cientos de miles y a los que quedan los van exterminando cada día. Y no nos han quitado la esperanza y hoy tampoco la debemos perder. A cada golpe, resistir y levantarse con más coraje.
El resultado que se puede esperar con los datos conocidos habla de un tercio de votos para la candidatura de izquierda. No es poco, si consideramos que se  trata de votos de calidad, sin olvidar la vertiente clientelar de parte de la izquierda partidaria. Lograr esta tercera parte de la votación, mucho más de lo que hubiéramos esperado hace unos meses, no es mérito de los aparatos partidarios, sino del trabajo de organización del movimiento generado en torno al candidato presidencial, alimentando y canalizando el descontento ancestral del pueblo trabajador.  También la derecha declarada y el proclamado ganador, tienen poco menos o poco más del tercio de votantes, pero hay una diferencia enorme entre cada tercio. El tercio azul tiene recursos pero carece de decisión para la lucha y la resistencia. El tercio tricolor se mueve por la manipulación y el dinero (aunque sólo sean migajas); el de este lado puede y debe jugar un papel importante porque tiene coraje y determinación, es consciente y dispuesto, aunque carece de recursos y organización.
Se logró también conservar la ciudad de México y hay posibilidad de ganar gubernaturas y en el congreso las bancadas de izquierda tendrán un peso importante. En este terreno hay un avance innegable, pero quienes logren finalmente tales posiciones, como si no hubieran llegado a ellas con apoyo de la candidatura presidencial, seguramente estarán más comprometidos con los aparatos partidarios y sus intereses personales, que con el movimiento popular. Sin embargo, una sociedad en movimiento puede empujar y aprovechar esas posiciones.
¿Qué queda por hacer? Como en las ocasiones anteriores, seguir luchando, resistir. Entender que la rabia y el coraje solos, no son suficientes como tampoco lo son la autoflagelación o la queja. El joven movimiento de los estudiantes ha mostrado algunas de las cosas que son posibles aun teniendo todo en contra. No dejemos de lado esa enseñanza. A prepararse en todos los terrenos para lo que está por venir.


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