80 años del Palacio de Bellas Artes
Carlos Guillén S.
El 29 de septiembre de 1934 inició actividades el Palacio de Bellas Artes. Han transcurrido 80 años en los cuales sus trabajadores se han ocupado de la cultura y su promoción. En no pocas ocasiones, también de su defensa.
Esto no es casual. El Palacio empezó a construirse desde tiempos prerevolucionarios, como parte de la actividad porfirista, pero su puesta en operaciones, ocurre en momentos en que la clase obrera y el campesinado pobre están en pie de lucha. El año de la inauguración, los nacionalistas revolucionarios representados por el general Cárdenas ganan la presidencia de la República, mientras la clase obrera está en un proceso de lucha y unificación, que poco después la lleva a la creación de la CTM, donde confluyen los obreros comunistas de la Central Sindical Unitaria de México y de los sindicatos nacionales de industria; son los mismos años en que la demanda obrera de educación para sus hijos está gestando el Instituto Politécnico Nacional y la lucha campesina apunta a la colectivización. En el ámbito internacional, la República Española, el inicio de la Larga Marcha y, pronto, el Frente Popular en Francia, apuntan al cambio.
No debe sorprender entonces que en la inauguración del Palacio se haya interpretado la Sinfonía Proletaria. Eran los tiempos del plan sexenal (a modo de los soviéticos planes quinquenales) y en las escuelas rurales se cantaba el corrido del agrarista, mientras en las urbanas La Internacional salía de las voces infantiles.
Es cierto. Después en la CTM se impusieron los lobitos y expulsaron a los comunistas, la República cayó, llegó Petain al gobierno, se creó el Eje y las bajas en el campo revolucionario, se distribuyeron entre los abatidos por las balas fascistas y los caídos en las purgas estalinistas. Los artistas revolucionarios en México se dividieron por su posición ante Stalin y Trotsky y hasta Chavez dio marcha atrás y la sinfonía proletaria dejó de serlo.
Pero el retroceso no implica el abandono o la capitulación. El ejido no desapareció por completo y la educación no regresó al oscurantismo añorado por la reacción. La CTM fue copada por el charrismo, pero siempre se mantuvieron núcleos de lucha proletaria en sectores obreros industriales. En el campo de la cultura, acaso con una vertiente proletaria disminuida, se mantuvo una activa presencia de izquierda y nacionalista. El Palacio de Bellas Artes dio albergue en sus espacios lo mismo a los muralistas y escritores revolucionarios que a las figuras de la cultura universal. En sus alrededores se derramó sangre obrera y funcionarios de la revolución hecha gobierno hicieron de las suyas ahi.
Pero la lucha por la cultura para el pueblo no paró y la presencia proletaria no desapareció. Los propios trabajadores de Palacio, y habría que agregar: de todos los centros de trabajo del INBA, trabajadores del conocimiento, a diario trabajan lo mismo en la difusión de la cultura que en la educación artística de la población, igual iniciando en las artes a los más pequeños, que albergando a figuras de primera línea, incluyendo por supuesto, a quienes hacen del arte una herramienta más en la lucha por la liberación de los pueblos. No olvidamos, por otra parte, que se escogió al Palacio como sede para la que habría sido la unificación de los sindicatos electricistas en los setentas. En fechas muy recientes, los trabajadores de la cultura han sido anfitriones de importantes actividades sindicales.
Tenemos muchas coincidencias con los trabajadores de la cultura. Compartimos espacios en actividades sindicales y políticas, hemos marchado juntos, hemos compartido análisis y alianzas y hasta en los sentimientos hay consecuencias. Cómo no habría de darnos gusto este cumpleaños lleno de historia y de lucha.
Tenemos muchas coincidencias con los trabajadores de la cultura. Compartimos espacios en actividades sindicales y políticas, hemos marchado juntos, hemos compartido análisis y alianzas y hasta en los sentimientos hay consecuencias. Cómo no habría de darnos gusto este cumpleaños lleno de historia y de lucha.
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