Quilapayún. Tributo a los poetas rebeldes de América
11 de octubre, Teatro Metropolitan. Un concierto más del ya legendario grupo chileno que inició con Plegaria a un Labrador y culminó con un verdadero himno de lucha de trabajadores y pob
res de todo el mundo: El pueblo unido, jamás será vencido. Entre estas canciones, de La Muralla a La Paloma, de Tío Caimán a El Cigarrito, de Carabina 30-30 a La canción del aparecido, de Mira como ríen los presidentes a Siempre. Estuvieron Víctor Jara, Violeta Parra, Nicolás Guillén, Neruda, Huerta, Benedetti, Otto René Castillo, Santa Cruz y muchos más.
Las imágenes y los cantos a Sandino y al Ché, a los estudiantes en lucha, arrancaron aplausos, lo mismo que la imagen del Sub. En contraste, el repudio se manifestó con el recuerdo de Pinochet y otros golpistas y represores, lo mismo que al mencionar al imperialismo; entre el público, muchos asociaron esas imágenes con las de gobernantes pasados, recientes y próximos de estas tierras. A esos oscuros personajes se les exorcizó con Malembe.
Los nombres de poetas de nuestra América se combinaron en la pantalla con escenas callejeras de Santiago, La Paz, Panamá, la Ciudad de México y muchas ciudades más, con el común denominador del descontento y la lucha. Los ritmos de América, del Río Bravo a la Tierra de Fuego, se escucharon con guitarras, zampoñas, bombo legüero, huesos de fraile, acordeón, cuatro, charangos, cajas, claves y maracas, entre otros instrumentos.
Seguramente más de una lágrima asomó a los ojos con alguna canción. No podía ser de otra manera al escuchar un canto proletario de amor (Te recuerdo Amanda), el homenaje al Che (La canción del aparecido), La Paloma o Patria, un canto que va más allá de los esquemas tradicionales de nacionalidad y que canta a la patria de los trabajadores, a los pueblos y sus luchas, sus esperanzas y sus anhelos.
Entre el público, una pancarta gritó contra la reforma laboral y se mezcló con un clamor que reclamaba un México sin PRI y gritos de Obrador, Viva México, viva Chile y vivan los pueblos americanos.
Quilapayún invitó a apagar la televisión, juntar la revolución con las estrellas y tomar la lucha de clases como un deporte, lo mismo que a abolir los cumpleaños y a encerrar a los enemigos del pueblo hasta que pidan perdón.
Este grupo chileno tiene una trayectoria de 47 años. Anoche entre artistas y público hubo muchos años más de lucha, de organización, de anhelos, de amor y decepciones, de recuerdos y de esperanza. La canción final de la Cantata Santa María de Iquique, canto de indignación y de esperanza, recordó a muchos lo que nunca se debe olvidar: no importa cuántas batallas se pierdan, mientras no se pierda la conciencia y la decisión de vivir y luchar, mientras la esperanza siga en cada quien y se traduzca en acciones para alcanzar lo imposible.
Sin embargo, quedó un pendiente. Los 10 cantores de poncho negro, que en su larga trayectoria han cantado lo mismo canciones guerrilleras italianas y soviéticas, que blues y canciones mineras del siglo XVI, corridos, cuecas y yaravíes, cumbias y milongas, zambas y huaynos, marchas y ritmos cubanos, que han cantado al Vietnam heróico, a la Nicaragua y El Salvador revolucionarios, al Chile herido, a la Cuba de la esperanza y al sencillo obrero de la fábrica, lo mismo que al campesino y al estudiante, ayer dejaron una deuda. No cantaron Venceremos, canción de origen chileno que es ya patrimonio de todos los luchadores del mundo. De cualquier manera, desde lo más profundo de los corazones, desde el compromiso por la vida y por un mundo nuevo, la cantamos muchos, algunos en silencio, otros apenas de manera perceptible y otros a voz de cuello.
No puedo dejar de mencionar a mis amigas con quienes compartí este memorable concierto. Experiencia y juventud en la lucha del sindicato de los trabajadores nucleares mexicanos. Conjugan solidaridad y conciencia, responsabilidad en su trabajo diario y una amistad a toda prueba. Gracias queridas amigas.
No puedo dejar de mencionar a mis amigas con quienes compartí este memorable concierto. Experiencia y juventud en la lucha del sindicato de los trabajadores nucleares mexicanos. Conjugan solidaridad y conciencia, responsabilidad en su trabajo diario y una amistad a toda prueba. Gracias queridas amigas.
Es cierto que una o muchas canciones, no hacen la revolución, pero también es cierto que no hay revolución sin canciones, sin poesía y sin amor.

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