martes, 29 de mayo de 2012

#Yo soy 591


La visita del candidato del PRI a la Universidad Iberoamericana el pasado 11 de mayo, parecía un acto más, casi de trámite. Nadie esperaba que los agravios cometidos por el sistema durante varios lustros, salieran a relucir precisamente en un sector que la mirada superficial podría considerar como no afectado por el llamado neoliberalismo. La verdad es que el rechazo al candidato de la principal televisora, postulado por el  otrora partido casi único, no era algo nuevo, ya que había sido manifestado en diversos ámbitos, aunque generalmente oculto por el anonimato.

La diferencia de esa mañana fue, por un lado, que quienes manifestaron su rechazo fueron estudiantes de una costosa universidad privada y por otro, que a la acostumbrada descalificación de medios y políticos, que pusieron en duda el que se tratara de estudiantes e insinuaron que habían sido infiltrados, se respondió de manera inmediata, haciendo uso de la comunicación instantánea generada por el uso de las modernas tecnologías de comunicación.
Surgió así, aparentemente de la nada, un movimiento que rápidamente se extiende y que en pocos días ha logrado que se involucren estudiantes de un gran número de universidades e instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas y que incluso ha rebasado ya las fronteras nacionales y ha logrado el apoyo de amplios sectores de la población.
La historia registra con frecuencia casos en los que hechos rutinarios o de poca relevancia aparente, dan lugar a acontecimientos que sacuden a un país o al planeta mismo. El asesinato del archiduque Francisco Fernando dio paso a la primera guerra mundial, la golpiza a Rodney King por un incidente de tránsito, ocasionó serios disturbios en Los Angeles en 1991 y la pelea entre estudiantes de vocacional y de una preparatoria particular en 1968, marcó el inicio de uno de los más grandes movimientos de masas de la década de los sesentas en México.
En los inicios del neoliberalismo, ya se estaba haciendo costumbre que el máximo jerarca de la entonces poderosísima Confederación de Trabajadores de México, CTM, amenazara con la huelga general por aumento salarial de emergencia, solo para desistirse días después. De manera que cuando nuevamente amenazó con poner al país en huelga el 30 de mayo, pocos lo tomaron en serio. Entre quienes lo hicieron estaban el CEN del SUTIN y los dirigentes del sindicalismo universitario, quienes emplazaron a huelga para la misma fecha con el objeto de coincidir con la CTM.
Cualquiera que conociera la CTM, sus desplantes y la abyección de su dirigente, sabía que las banderas rojinegras no serían colocadas y Fidel lo justificaría como un acto de “responsabilidad ante la Nación”. En efecto, la CTM “prorrogó” su emplazamiento.
De manera que ya sin la supuesta cobertura cetemista, las asambleas del 30 de mayo en el SUTIN, parecían de trámite. Sin embargo las direcciones nuclear y universitaria, con fuerte influencia del Partido Socialista Unificado de México, estaban dispuestas a la huelga “para romper el espinazo a la política económica del gobierno” según el secretario general del SUTIN.
Manipulando y ocultando la información, con promesas de aumentos salariales fáciles y con el argumento de que la sección Centro Nuclear, la mayor del sindicato, había optado por la huelga, la mayoría de secciones del sindicato decidieron colocar las banderas rojinegras. En el Centro Nuclear sin embargo, después de intensos análisis, tanto de la situación política nacional, como del estado de la industria nuclear a nivel mundial, una votación mayoritaria de 591 trabajadores, decidió prorrogar el movimiento, en búsqueda de mejores condiciones políticas, en caso de que las hubiera, mientras 162 se pronunciaron por estallar el movimiento. A nivel global del ININ, el resultado fue 759 por la prórroga y 243 por la huelga.
La decisión no sólo partió del análisis del momento, sino de una experiencia de años en los que la voluntad de los trabajadores con frecuencia era burlada, se sustituía el convencimiento político con la imposición y la democracia sindical se veía afectada. Esa asamblea, que en términos actuales sería el movimiento #Yo soy 591 decidió recuperar para los trabajadores el poder de decisión sobre su organización. A pesar de que la posición y la información oficiales llamaban a la huelga, de que el propio Comité Ejecutivo Seccional y los activistas que durante años habían criticado al CEN y defendido la democracia sindical, plantearon que se había consumado la imposición y que había que estallar la huelga y posteriormente “ajustar cuentas con los charros”, la base rebelde del Centro Nuclear pasó por encima de toda autoridad sindical e impuso su decisión colectiva: No a una huelga mal preparada y aislada, que en las condiciones del momento podía ser contraproducente.
Los hechos posteriores demostraron la validez de la decisión de la base rebelde: el golpe al SUTIN que se creía podía ser asestado en el ININ, aprovechó el error cometido y se perdió más de la mitad de la membresía sindical, al tiempo que se perdía uno de los contratos colectivos. Otro efecto fue el desprestigio promovido por el CEN entre amplios sectores del movimiento democrático, contra una sección que había estado presente en todos los movimientos sociales de la época, manifestando su solidaridad y apoyando de diversas formas.
El tiempo demostró que la decisión de la asamblea del 30 de mayo, de los 591 que fueron capaces de superar la manipulación, romper esquemas y actuar de acuerdo a su conciencia, guiados por el conocimiento y el análisis, fue lo que permitió la subsistencia, pese a las bajas en membresía, experiencia y formación política, del sindicato de los trabajadores nucleares mexicanos.
Hoy, los jóvenes estudiantes del movimiento Yo soy 132 muestran una vez más, que el descontento acumulado busca cauces para aflorar y asume formas que rompen esquemas. Si el movimiento 30 de mayo (#Yo soy 591) fue capaz de rechazar la huelga en aquellas condiciones, basados en la información y el conocimiento, para salvaguardar la organización y la fuente de trabajo, hoy los estudiantes reivindican el conocimiento y la información libre de manipulación, para que se manifieste con libertad y conciencia la decisión de los mexicanos. Hoy queda claro que no es suficiente tener la razón, sino que los demás deben saberlo y que las redes sociales son un instrumento invaluable para difundir el pensamiento. La mejor manera de recordar la asamblea de aquel 30 de mayo y de apoyar a los jóvenes de hoy, es ligar las viejas formas de lucha como la asamblea, el mitin y la manifestación, con el uso de la tecnología de información, defendiendo hoy y siempre, el derecho de las mayorías a la información y el conocimiento.
  

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