#Yo soy 591
La visita del candidato del PRI a la Universidad Iberoamericana el pasado 11 de mayo, parecía un acto más, casi de trámite. Nadie esperaba que los agravios cometidos por el sistema durante varios lustros, salieran a relucir precisamente en un sector que la mirada superficial podría considerar como no afectado por el llamado neoliberalismo. La verdad es que el rechazo al candidato de la principal televisora, postulado por el otrora partido casi único, no era algo nuevo, ya que había sido manifestado en diversos ámbitos, aunque generalmente oculto por el anonimato.
La diferencia de
esa mañana fue, por un lado, que quienes manifestaron su rechazo fueron
estudiantes de una costosa universidad privada y por otro, que a la
acostumbrada descalificación de medios y políticos, que pusieron en duda el que
se tratara de estudiantes e insinuaron que habían sido infiltrados, se
respondió de manera inmediata, haciendo uso de la comunicación instantánea generada
por el uso de las modernas tecnologías de comunicación.
Surgió así,
aparentemente de la nada, un movimiento que rápidamente se extiende y que en
pocos días ha logrado que se involucren estudiantes de un gran número de
universidades e instituciones de educación superior, tanto públicas como
privadas y que incluso ha rebasado ya las fronteras nacionales y ha logrado el
apoyo de amplios sectores de la población.
La historia
registra con frecuencia casos en los que hechos rutinarios o de poca relevancia
aparente, dan lugar a acontecimientos que sacuden a un país o al planeta mismo.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando dio paso a la primera guerra
mundial, la golpiza a Rodney King por un incidente de tránsito, ocasionó serios
disturbios en Los Angeles en 1991 y la pelea entre estudiantes de vocacional y
de una preparatoria particular en 1968, marcó el inicio de uno de los más
grandes movimientos de masas de la década de los sesentas en México.
En los inicios
del neoliberalismo, ya se estaba haciendo costumbre que el máximo jerarca de la
entonces poderosísima Confederación de Trabajadores de México, CTM, amenazara
con la huelga general por aumento salarial de emergencia, solo para desistirse
días después. De manera que cuando nuevamente amenazó con poner al país en
huelga el 30 de mayo, pocos lo tomaron en serio. Entre quienes lo hicieron estaban
el CEN del SUTIN y los dirigentes del sindicalismo universitario, quienes
emplazaron a huelga para la misma fecha con el objeto de coincidir con la CTM.
Cualquiera que
conociera la CTM, sus desplantes y la abyección de su dirigente, sabía que las
banderas rojinegras no serían colocadas y Fidel lo justificaría como un acto de
“responsabilidad ante la Nación”. En efecto, la CTM “prorrogó” su
emplazamiento.
De manera que ya
sin la supuesta cobertura cetemista, las asambleas del 30 de mayo en el SUTIN,
parecían de trámite. Sin embargo las direcciones nuclear y universitaria, con
fuerte influencia del Partido Socialista Unificado de México, estaban
dispuestas a la huelga “para romper el espinazo a la política económica del
gobierno” según el secretario general del SUTIN.
Manipulando y
ocultando la información, con promesas de aumentos salariales fáciles y con el
argumento de que la sección Centro Nuclear, la mayor del sindicato, había
optado por la huelga, la mayoría de secciones del sindicato decidieron colocar
las banderas rojinegras. En el Centro Nuclear sin embargo, después de intensos
análisis, tanto de la situación política nacional, como del estado de la
industria nuclear a nivel mundial, una votación mayoritaria de 591
trabajadores, decidió prorrogar el movimiento, en búsqueda de mejores
condiciones políticas, en caso de que las hubiera, mientras 162 se pronunciaron
por estallar el movimiento. A nivel global del ININ, el resultado fue 759 por
la prórroga y 243 por la huelga.
La decisión no
sólo partió del análisis del momento, sino de una experiencia de años en los
que la voluntad de los trabajadores con frecuencia era burlada, se sustituía el
convencimiento político con la imposición y la democracia sindical se veía
afectada. Esa asamblea, que en términos actuales sería el movimiento #Yo soy 591 decidió recuperar para los
trabajadores el poder de decisión sobre su organización. A pesar de que la posición
y la información oficiales llamaban a la huelga, de que el propio Comité
Ejecutivo Seccional y los activistas que durante años habían criticado al CEN y
defendido la democracia sindical, plantearon que se había consumado la
imposición y que había que estallar la huelga y posteriormente “ajustar cuentas con los charros”, la base
rebelde del Centro Nuclear pasó por encima de toda autoridad sindical e impuso
su decisión colectiva: No a una huelga mal preparada y aislada, que en las
condiciones del momento podía ser contraproducente.
Los hechos
posteriores demostraron la validez de la decisión de la base rebelde: el golpe
al SUTIN que se creía podía ser asestado en el ININ, aprovechó el error
cometido y se perdió más de la mitad de la membresía sindical, al tiempo que se
perdía uno de los contratos colectivos. Otro efecto fue el desprestigio
promovido por el CEN entre amplios sectores del movimiento democrático, contra
una sección que había estado presente en todos los movimientos sociales de la
época, manifestando su solidaridad y apoyando de diversas formas.
El tiempo demostró
que la decisión de la asamblea del 30 de mayo, de los 591 que fueron capaces de
superar la manipulación, romper esquemas y actuar de acuerdo a su conciencia, guiados
por el conocimiento y el análisis, fue lo que permitió la subsistencia, pese a
las bajas en membresía, experiencia y formación política, del sindicato de los
trabajadores nucleares mexicanos.
Hoy, los jóvenes
estudiantes del movimiento Yo soy 132 muestran una vez más, que el descontento
acumulado busca cauces para aflorar y asume formas que rompen esquemas. Si el
movimiento 30 de mayo (#Yo soy 591) fue capaz de rechazar la huelga en aquellas
condiciones, basados en la información y el conocimiento, para salvaguardar la organización
y la fuente de trabajo, hoy los estudiantes reivindican el conocimiento y la
información libre de manipulación, para que se manifieste con libertad y
conciencia la decisión de los mexicanos. Hoy queda claro que no es suficiente
tener la razón, sino que los demás deben saberlo y que las redes sociales son
un instrumento invaluable para difundir el pensamiento. La mejor manera de
recordar la asamblea de aquel 30 de mayo y de apoyar a los jóvenes de hoy, es ligar
las viejas formas de lucha como la asamblea, el mitin y la manifestación, con
el uso de la tecnología de información, defendiendo hoy y siempre, el derecho
de las mayorías a la información y el conocimiento.
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