¿Y después del primero de julio?
Carlos Guillén S.
El 1° de julio se
realizarán las elecciones para definir no solo el presidente de la república,
el congreso de la unión y autoridades y legisladores locales. No es exagerado
decir que lo que está en juego y se decidirá ese día, es el futuro del país. La
decisión corresponde a la mayoría de mexicanos que ese día decidan ir a las
urnas y emitir su sufragio.
La decisión que se
tome y con ello el rumbo que se dé a México, dependerán de qué haya tenido
mayor peso en la balanza de cada quien. A pocos días de las elecciones, es
difícil saber si pesarán más la manipulación, la coacción y la mentira o se
abrirán paso el deseo de cambio, la disposición a superar el atraso y la razón.
En cualquier caso, el
futuro no depende solo del resultado de las elecciones. Si alguien cree que
votando el 1° de julio, habrá cumplido, está equivocado. Los problemas empiezan
el 2 de julio.
Las previsiones de
muchos y las encuestas, hace tiempo daban por hecho el retorno del PRI a Los Pinos,
sin embargo, existen varios factores para pensar que en todo caso, no habrá un
resultado contundente.
La delantera que se
da al PRI parte, en primer lugar, de la imagen que cuidadosamente ha sido
diseñada y vendida por la principal televisora del país y ha sido asumida por
una parte importante de quienes carecen de otro medio de información que no sea
la televisión. Los potenciales beneficiarios del retorno priísta a Los Pinos,
han hecho su parte con prácticas de todo tipo, legales o no. La irrupción del
movimiento estudiantil sin embargo, que ha denunciado lo que muchos decían hace
tiempo acerca de la manipulación informativa, ha dado una dimensión distinta a
este hecho poniéndolo al descubierto.
No obstante, no
se debe dejar de lado el papel propio del otro factor de esta alianza: el PRI. En
lo interno, su principal fortaleza está en su organización. La pérdida de dos
elecciones federales consecutivas, apenas debilitó su presencia territorial y
sectorial y algunos grupos y militantes abandonaron el partido para dirigirse
hacia el PRD principalmente, aunque también al PANAL y aun al propio PAN. Sin
embargo la organización territorial, la que le permite el control de procesos
electorales y mantener en lo fundamental sus bases de apoyo, se ha mantenido. En
los sectores hay una situación más compleja. El sector campesino,
tradicionalmente mayoritario en afiliación y acopio de votos, a pesar de que
desde los últimos gobiernos priístas fue duramente golpeado,
contradictoriamente, al perder el gobierno, gana en fuerza. Los regímenes
priístas, con todo y neoliberalismo, al contar con fuertes contingentes
campesinos tenían al interior una fuerza que presionaba y a la cual debían dar
algún tipo de respuesta. Con los gobiernos panistas y la profundización de la política
anticampesina, la dirigencia campesina priísta pudo ejercer de manera abierta
una oposición que se expresaba con timidez en el anterior régimen, dando como
resultado que la CNC, otrora fiel aliada del gobierno, se transformó en una
fuerte organización opositora, con importante presencia en el congreso, con
gobernadores y un sinnúmero de presidentes municipales y dándose el lujo de
aliarse coyunturalmente con la izquierda de los sindicatos, representada
principalmente por la Unión Nacional de Trabajadores, UNT.
En el caso del
sector obrero, salvo algunas grandes organizaciones, ya desde inicios del
neoliberalismo, vio pasar sus mejores años en cuanto a fuerza política; su
presencia e influencia quedó apenas arriba de cero. Algunas organizaciones del
llamado movimiento obrero organizado, desde fines de los ochentas, vieron el
proceso de derechización y se acercaron a las posiciones del movimiento
sindical democrático, con algunas de cuyas organizaciones integraron primero la
Federación de Sindicatos de Empresas de Bienes y Servicios, FESEBS y luego la
UNT. El sindicato minero se mantuvo como parte del Congreso del Trabajo, pero
su visión de los cambios, así como la influencia de grupos democráticos y
comunistas que hace muchos años había en su seno, empujaron a esta organización
a oponerse a la reforma laboral y a aspectos de la política económica. La
respuesta del gobierno terminó por empujar a este sindicato hacia la izquierda.
Otras organizaciones como la CROC, aunque llegaron a coquetear con el sindicalismo
democrático, terminaron por realinearse con el PRI. La influencia del charrismo
sindical en política, hoy es casi nula y se ha dedicado más bien a regentear
contratos colectivos. Finalmente, el más grande activo sindical que tuvo el
PRI, hoy es atendido por una franquicia política.
Tiene el PRI
entonces, la presencia territorial y la campesina, así como el sector popular,
seguramente disminuido también por la competencia perredista. Sin embargo, la
disciplina partidaria, que hace que los grupos antagónicos pospongan sus
diferencias por el espíritu de corporación, es su principal fuerza
organizativa. A lo diseñado por la televisión y apuntalado por la estructura
priísta contribuye con mucho la incapacidad e ineficiencia de los gobiernos
panistas. El enorme capital político con que Fox llegó a la presidencia en
2000, fue dilapidado con todo tipo de torpezas y con una corrupción que nada
parecía pedirle a la alcanzada por los gobiernos priistas en décadas. A pesar
de sus bravuconadas, Fox dejó intacta la maquinaria del poder. Se hizo de la
presidencia, pero el poder siguió en manos del PRI, ahora diversificado en
gobernadores, presidentes municipales y legisladores, que alcanzaron niveles de
influencia política que antes no tenían. Si bien Calderón, a diferencia de Fox,
si es un político, no fue capaz de recuperar el capital político perdido y su
política de guerra al narcotráfico basada en la acción militar, sin tocar
apenas su aparato económico y sin una política social adecuada, deja al PAN en
un estado de desgaste y rechazo, que facilita el retorno del dinosaurio.
Las posibilidades
del PAN de ganar la contienda electoral de 2012 son nulas. No solo el manejo de
la seguridad, sino la política económica, los desatinos e ineficiencia de varios integrantes del gobierno federal y
la actitud prepotente de otros, han ido cerrando la posibilidad de refrendo
blanquiazul. El PAN no ha escatimado apoyos y recursos para tratar de mantener
el usufructo de Los Pinos. Con más experiencia en marrullerías que hace seis
años y con los recursos del aparato del Estado, más una componente
mercadotécnica que le ha dado resultados, parecía ser un factor de peso en los
comicios. Sin embargo, el peso de sus políticas desde la presidencia y las
propias características de su abanderada, llevan a esa expresión de la derecha
a la debacle electoral. Cuenta sin embargo, con el voto de quienes rechazan el
retorno tricolor, pero no confían o de plano rechazan también la alternativa de
izquierda.
Finalmente, está
la izquierda. De casi ganar las elecciones en 2006 a perder Zacatecas,
Michoacán, Tlaxcala, “ganar” Guerrero con un candidato del PRI, protagonizar
las más encarnizadas guerras civiles cada que ha tenido que elegir ya sea el
más insignificante puesto al interior del propio partido o la dirección del
mismo, vivir graves casos de corrupción debidamente magnificados por los
poderes fácticos, sustituir la vida política por un clientelismo que sólo tiene
que envidiarle al PRI, su capacidad para traducirlo en organización, de un
deterioro sin fin, llegó al proceso electoral en las peores condiciones.
Hay otro PRD, el
que viene de sectores de la izquierda socialista y comunista. Este ha mantenido
banderas y actividades al margen de las disputas por el control del aparato o
al menos no se ha centrado en éstas. Estos grupos, sin embargo, no cuentan con
los suficientes medios al interior del partido para ser una fuerza determinante
y están irremediablemente atrapados por las fuerzas partidarias dominantes (en
el más amplio sentido del término). Si por la política y prácticas del PRD
tribal fuera, su presencia en las elecciones federales de 2012 sería apenas
testimonial.
No obstante,
gracias a factores internos-externos del partido, las posibilidades electorales
de la izquierda cambiaron. Después de las fallidas elecciones de 2006, el
candidato presidencial de entonces, una vez que la convergencia de intereses
dio por terminada la batalla electoral y la dirección partidaria tejía puentes
hacia el gobierno de facto, se dedicó a promover la organización por todo el
país, lo mismo de sectores de izquierda partidaria y social que, sobre todo, de
ciudadanos sin partido. Así, creó un movimiento heterogéneo con el que podría
estar en condiciones de contender electoralmente con organización propia, más
allá de las veleidades de su organización formal. En el camino, llegó a
acuerdos satisfactorios para sus aspiraciones presentes, mediatas y futuras con
el otro precandidato de la izquierda. En estas condiciones, la izquierda llega
con un candidato con fuerza y organización propias, un discurso firme pero
modulado y la aceptación partidaria por sus no pocos seguidores en la base y
por las cúpulas partidistas que seguramente no esperaban ganar las elecciones,
sino hacerse de posiciones políticas tanto en el poder legislativo, como en el
DF y, eventualmente, en un hipotético gobierno de coalición. En este caso, no
hay que olvidar que el candidato, que ha ido creciendo en las preferencias
electorales, viene de una condición de dirigente prácticamente autoexcluido del
PRD y de ser criticado internamente al grado de ser considerada su expulsión
del partido, lo cual no deja de reflejarse en la casi nula influencia que tuvo
en la determinación de las candidaturas al poder legislativo.
Las posibilidades
electorales del PRD y sus aliados –desde antes dispuestos a engancharse como
cabús del tren obradorista—crecieron no gracias a los partidos postulantes,
sino por el trabajo previo de organización, la calidad de las personalidades
anunciadas para ser parte del eventual gabinete presidencial y algunas de las
propuestas planteadas, las que, sin embargo, no han tenido una proyección
suficiente. Persiste el lastre del aparato partidario, sus pleitos y disputas,
su falta de respuesta a las expectativas generadas donde ha gobernado, su falta
de propuestas a los problemas nacionales; no se olvida su abandono y desdén a
la izquierda social no partidaria y al movimiento social en general. Hoy las posibilidades
de victoria aparecen como posibles. En todo caso, la izquierda puede alcanzar
una presencia importante en el legislativo, refrendar el DF y ser factor de
contrapeso ante un gobierno de derecha, ya sea tricolor, azul o de colores
entreverados. En este caso, no hay que olvidar que para que la izquierda
partidaria actúe, es de gran importancia la iniciativa y acción de la izquierda
social.
¿Qué pasará?
Entre los escenarios
posibles, el peor es la victoria de Televisa-PRI con un margen considerable. El
resultado sería la misma política económica pero con políticos tan
experimentados como corruptos y llenos de mañas. Este escenario es posible no sólo
por la acción de la televisión; no hay que olvidar las características antes
mencionadas del PRI. El PAN en la oposición se dedicaría a la crítica de formas
y estilos, pues en lo fundamental tiene la misma política. Una pequeña muestra
de lo que puede ocurrir en este caso, se presentó el pasado viernes 8 de junio;
ante el anuncio del movimiento estudiantil de que se manifestarían durante el
partido de futbol que se realizaría ese día en el Estadio Azteca, la respuesta
priísta llegó al estadio a bordo de cientos de camiones con el propósito de
agredir a quienes expresaran posiciones contrarias a su candidato. Por fortuna, las cosas no tuvieron mayores
consecuencias ese día, quedando todo en una especie de aviso. La oposición de
izquierda en este caso, podría quedar reducida a un carácter testimonial, pues
no solo las bancadas priista y panista actuarían juntas en los aspectos
fundamentales, sino que la propia debilidad de la izquierda y la composición de
sus fracciones poco podrían ayudar.
Si los resultados
favorecen al PRI por márgenes reducidos y la izquierda logra una votación alta,
y si las fuerzas y movimientos que se han generado en torno a su candidatura
son capaces de mantenerse, se puede empujar a las fracciones parlamentarias de
izquierda a jugar un papel de contrapeso. Un factor negativo en este caso, es
la composición posible de estas fracciones, ya que entre sus candidatos no solo
está la burocracia tribal, sino incluso personeros de la principal televisora.
Si por lo contrario,
el movimiento social que ha impulsado la candidatura de izquierda es capaz de
ganar las elecciones, demostrarlo y llegar al gobierno, entonces vendrían los
grandes problemas pues se contaría con un gobierno apoyado por un legislativo
ligado a los intereses de los aparatos partidarios, en el que no contaría con
una fuerza propia y con las bancadas del PRI y el PAN en contra. En otros
terrenos, baste imaginar la capacidad de manipulación y boicot de las
televisoras, las grandes empresas y la acción de los organismos del capital
transnacional. La ultraderecha local y foránea desataría descomunales fuerzas para
descarrilar a un gobierno que no emanó de sus filas y que no le sería proclive.
Por ello,
independientemente de quien gane las elecciones, es vital la información veraz
y la organización, sea para resistir a
otro gobierno neoliberal o para empujar hacia la izquierda, a un gobierno
sensible a las necesidades y derechos de las mayorías.
En cualquiera de los
casos, la organización popular hoy existente es insuficiente. Los partidos
políticos hace tiempo han abandonado todo aquello que pueda parecer
organización y educación política y han devenido en agencias burocráticas de
empleo y de clientelismo. Los sindicatos y organizaciones campesinas, en su
mayor parte viven un profundo desprestigio y, cuando no están en manos de los
viejos personeros del priismo, con frecuencia se dedican a una limitada labor
de la gestoría.
Un elemento que ha
venido a refrescar el ambiente y que llega con aires de renovación y esperanza,
es el movimiento estudiantil surgido en lucha contra la manipulación de las
televisoras y en demanda de democracia en la información. Tal vez uno de los
aspectos más destacados de este naciente movimiento, es lo novedoso de sus
formas de organización, expresión y lucha. Sin embargo, no hay que dejar de
lado que hay una gran diferencia entre los estudiantes y el resto de la
población, como los trabajadores, en términos organizativos. Los estudiantes,
tienen condiciones propicias en cualquier momento para generar su organización
de una manera más o menos espontánea; en el caso de los trabajadores, es más
difícil que actúen políticamente sin organización previa o prescindiendo de la
que tienen.
El movimiento #Yo soy
132 ha puesto el ejemplo. No lo dejemos perder.
0 Comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal